Teresita Gaviria, representante de la Asociación Caminos de Esperanza Madres de la Candelaria, recuerda una a una las palabras que "Iván Márquez", negociador de las Farc en la Habana, les dijo al segundo grupo de víctimas en la reunión de la semana pasada en la isla caribeña. Al interrumpirla y preguntarle ¿qué sensación le quedó, de corazón, de ese encuentro?, afirma: "Que estos señores quieren cambiar las acciones guerrilleras por la reconciliación y la paz para los colombianos".
La vocera de 900 víctimas que han pasado por la asociación que cada viernes se congrega en el atrio de la Iglesia de La Candelaria, advierte que las Farc están dispuestas a pedir perdón y quieren esclarecer la verdad de sus horrores.
La madre de Cristian Camilo, el joven que paramilitares de las AUC desaparecieron un 5 de enero de 1998, le ve una buena perspectiva a los diálogos que el gobierno de Juan Manuel Santos adelanta en la capital cubana con las Farc. Su pálpito es que "los alias de los guerrilleros se quedarán en La Habana, pues estas personas vendrán al país con un verdadero arrepentimiento".
La invitación a Cuba la tomó por sorpresa. Cuando el primer grupo de víctimas fue a La Habana, ella les escribió cartas a las Naciones Unidas y al jefe negociador del Gobierno Nacional, Humberto de La Calle Lombana. "No nos garroteen", fue su reclamo, al hacerles notar que en las delegaciones no estaban personas que representaran a las víctimas de Antioquia.
Su llamado tuvo eco y lo que siguió fue preparar a quien llevaría la vocería de las Madres de la Candelaria. Los miembros de la asociación escogieron en asamblea a Darío Sierra, a quien, según comenta, en 1983 la guerrilla desapareció a su padre, Joaquín Emilio Sierra, en la vereda Bejuquillo, de Urabá.
Sierra era un buen símbolo, dado que, como lo anota Teresita Gaviria, dentro de las 882 familias que congrega hoy este movimiento, 360 tienen un hijo, un hermano, un padre o una madre que fue desaparecida por la guerrilla de las Farc.
Sin embargo, el domingo 7 de septiembre Teresita recibió una llamada en su celular de un delegado de Naciones Unidas que le dijo: "Usted nos quiere acompañar a La Habana. Diga si está en condiciones o no, pues maneja víctimas de paras, guerrilla. La necesitamos". Aterrizó y preguntó cuándo era el viaje, a lo que su interlocutor le dijo: "Esta tarde". Ese mismo día, y en medio del sigilo con el que el Gobierno ha rodeado este tema, ella se trasladó a Bogotá, en donde conoció a sus 11 compañeros de viaje y se enteró de los detalles logísticos de la reunión que sostendrían en La Habana".
Al llegar a Cuba tuvo emociones encontradas, confiesa Teresita, y hasta llegó a pensar "vengo a negociar la vida de mi hijo", el mismo de quien en varias ocasiones paramilitares al mando de Ramón Isaza le dijeron que "sí, lo pelamos", pero en unas versiones le cuentan que el cadáver de Cristian lo tiraron al río Magdalena, mientras que en otras ocasiones le han asegurado que lo desmembraron y lanzaron su cuerpo a un lago infestado de caimanes. Esas, añade, "son verdades a medias que no acepto. Yo no sé con certeza qué pasó con mi hijo".
El miércoles, 10 de septiembre, fue el encuentro con los negociadores de las Farc. "Muchachos -les dijo ella- estamos a las puertas de la paz. No más huérfanos, no más jóvenes lanzados a la drogadicción, no más viudas aguantando hambre o prostituyéndose para sobrevivir. Los guerrilleros escuchaban y agachaban la cabeza".
Del posconflicto no se habló, comenta ella. Pero sí quedó como tarea hacer en Bogotá una cumbre de víctimas, para reafirmar su deseo de que no haya más guerra. "Nos tenemos que unir todas las víctimas, desde las de estrato cero hasta las de estrato 20, porque todos cabemos en el mismo costal".
"MADRE, USTED ES PARA O GUERRILLA"
Hace pocos días, Teresita Gaviria recibió una llamada en su celular de una persona desconocida. Luego de un breve saludo, su interlocutor le dijo: "Madre, entonces usted qué: es para o guerrilla", ante lo cual ella respondió "soy madre de La Candelaria".
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