
Colprensa| LA PATRIA
Por realizar su vocación, antes que cualquier otro trámite, Laura Giraldo Castaño se fue para la oficina de Luis Javier Giraldo Múnera, decano de la Facultad de Medicina de la Fundación Universitaria San Martín, sede Sabaneta, y le preguntó si había algún problema con que ella estudiara allí, sabiendo que le faltaba una mano, la derecha.
"Si pasas examen y entrevista, tendrás tu puesto como los demás", le respondió él.
Ella le dijo que en su cotidianidad no tenía dificultades, incluso para hacer cosas como amarrarse los zapatos. "Amárreme uno", le pidió. Y Laura lo hizo con tal rapidez que, cuando terminó, él se rio y memorizó aquel momento. Tanto, que el pasado 18 de diciembre, cuando la joven de 23 años se graduó como médica general, se lo recordó.
"Esa vez me dijo que adelante, que siguiera, y me enseñó a hacer nudos de sutura".
Ya se había presentado a la Universidad de Antioquia, el CES y la Pontificia Bolivariana, pero no pasó o no la recibieron. En la San Martín, en cambio, presentó el examen de lógica y comprensión de lectura y la entrevista y aterrizó en primer semestre.
"En su grupo fue una de las mejores estudiantes. Incluso en especialidades como cirugía y ginecobstetricia, que requieren más destreza manual, se desempeñó muy bien", apunta el decano.
Cursó sin pausa los 6 años con un promedio cercano a 3,5 en los primeros cuatro semestres, que es alto, pues allí la exigencia es mucha, y tocando el 4 a partir del quinto, cuando empiezan a rotar en clínicas.
Colegas se preguntan cómo hace ciertos procedimientos que ellos no sabrían ejecutarlos sin una mano, pero ella buscó la técnica y aprendió de manera diferente.
"Para la otoscopia, por ejemplo, uso un aditamento para sostener el otoscopio y poder hacer tracción de la oreja con la mano izquierda. Luchando, con mucha práctica, suturando en patas de marrano muerto. Fui muy "caimana". Siempre estaba en urgencias para que me dejaran hacer el procedimiento y repetirlo hasta que me sintiera confiada. Todo lo he hecho normal, con ayuda en algunas cosas. Por ejemplo, en la intubación orotraqueal, en la que, desde que uno haga una buena laringoscopia, alguien puede introducir el tubo".
"Algunos pueden limitarme de entrada, aunque nunca encontré alguien que me dijera: vos no podés hacer esto. Me observaban y me fui ganando la confianza".
En décimo semestre, los 12 primeros promedios de los 40 estudiantes del grupo podían escoger el lugar del internado y Laura, que tenía el séptimo, optó por el Hospital Universitario de San Vicente Fundación para el internado menor, que son los primeros 6 meses. Los otros 4, el ruralito, los hizo en Marinilla y Caucasia.
En los grados la universidad entregó 6 reconocimientos en distintas categorías a los alumnos más destacados y Laura se lo llevó en la relación médico – paciente.
Esto último lo cuenta con timidez, sentada en la sala de su casa en el barrio La Mota, suroccidente de Medellín, donde ha vivido con sus padres, Claudia y Carlos, y sus hermanos, Daniel y Paula, desde 2007.
Es la segunda de los tres hijos. Delgada, bajita, pelo largo castaño oscuro, como sus ojos; cejas gruesas y una sonrisa brillante. La deja ver con frecuencia, con la naturalidad que habla de su mano derecha, la que le falta desde que nació, debido a una ausencia congénita, condición que nadie más de su familia tiene.
Por la firmeza de su carácter, esto no ha sido problema para ella. "No es algo que yo admire. Tuve retos en el estudio, pero esto no lo considero ejemplo de admiración, aunque para mucha gente sí lo es. Para mí no, porque estoy metida en este cuerpo".
De ahí que, desde niña, haya tenido una vida como la de cualquiera. Con una agilidad que impresiona, domina su celular, se peina, trincha, baila y, hasta cuando el tiempo se lo permitió, jugó baloncesto, entre otros deportes.
"Desde chiquita montaba en bicicleta, recorría el pasamanos, iba a gimnasia olímpica. Me arregla las uñas, me cepilla el pelo y sutura muy bonito", anota su madre y agrega: "Al principio me pareció muy difícil. Le íbamos a hacer una cirugía que era como ponerle una pinza, pero unas 8 veces fue bajada de cirugía casi con preanestesia. Luego vi que le faltaba la mano, pero le sobraba en su parte mental y desde muy pequeña le dije que era muy linda, que iba a conquistar el mundo. Es perfeccionista; dice que desde que uno mentalmente quiera, puede; no le gusta generar lástima, hace la fila completa, es una líder positiva".
Entró a la San Martín y, como en los colegios Corazonista, La Enseñanza (de Bogotá) y Palermo de San José, escribió con la zurda. "Nunca sentí rechazo de ningún grupo familiar o social. Uno mismo lo permite y se va aislando, pero siempre me sentí par".
Sintió nervios para estudiar medicina, pues sabía de la responsabilidad que implica y la habilidad manual que exige y le daba miedo poner en riesgo la vida de otros.
"Es de muy buenos sentimientos, responsable, pendiente de sus amigos. Encontró la forma de ponerse el guante en la mano derecha", comenta Daniela Bedoya, compañera de toda la carrera.
Ahora, con el conocimiento y la confianza, se alista para empezar el año rural en enero en una IPS de Medellín. También quiere especializarse; se inclina por la fisiatría. Y cumplir su sueño: estar tranquila.
Claro que puede ser buena médica
Teniendo en cuenta lo de su mano, ¿Laura puede ser buena médica?
"Sí, como cualquier otra".
¿En Medellín hay más médicos con una condición similar?
"Cuando era decano de Medicina de la U. de Antioquia tuve 2 muchachos: uno perdió creo que el brazo izquierdo en un accidente y hoy ejerce. Y a Salvador, otro alumno, le faltaban las 2 piernas y hoy es internista. En la San Martín tenemos a María Cecilia, que tiene espina bífida, se graduó y está haciendo posgrado en Ciencias Básicas Biomédicas en la U. de A."
¿Cómo va la Facultad de Medicina de la San Martín, tras la sanción que le impuso el Ministerio de Educación?
"La sanción fue para los programas de Medicina y de posgrado de la Universidad San Martín en Cali, Medellín y Bogotá. Interpusimos recurso de reposición y el Ministerio no aceptó nuestros argumentos. Los principales argumentos del Ministerio para la sanción fueron que teníamos problemas con unos convenios docencia – servicio en la Clínica Las Américas y en el Hospital Marco Fidel Suárez de Bello, y que no teníamos bienestar y seguridad social para los estudiantes, pero esto no aplica porque esto es solo para los de posgrado y nosotros no los tenemos. Estamos en el proceso de sacar de nuevo el registro calificado, como nos lo exigió el Ministerio de Educación. En el próximo semestre no podemos recibir estudiantes nuevos, pero seguimos funcionando normalmente. Tener el nuevo registro se demora unos seis meses".
En definitiva
Nacer sin una mano no ha sido un obstáculo para Laura, que desde niña ha tenido una vida normal, con excelente rendimiento académico y ahora busca las mejores calificaciones en su profesión.
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