
Si hoy fuera ayer es la primera canción que Alci Acosta canta en sus presentaciones. La razón, según él, porque es suave, como para probar la garganta. "El día que empiece con otra canción no estoy en mis cabales", dice.
A sus 76 años goza de una salud envidiable. Bonachón, con una memoria prodigiosa, carismático, siempre a su lado está su eterno animador Guillermo Henao, al que llama Borola y lo acompaña desde hace 45 años.
El ídolo del pueblo, como ha sido catalogado durante sus 48 años de carrera artística, estuvo en Manizales invitado por el Club Rotario para ofrecer un concierto a beneficio de la Fundación Pequeño Corazón.
Sentado en una sala del lobby del Hotel Carretero, asegura que viene de una familia musical, su segundo apellido es Cervantes. En Soledad (Atlántico), donde nació la familia Cervantes, siempre ha sido sinónimo de música, y él no podía ser la excepción. En su familia hay un promedio de 30 músicos en diferentes ramas: cantantes, pianistas y bateristas.
"Mi tío Teódulo Cervantes cantaba muy bonito boleros. Tenía un grupo, los Soneros costeños y con lo que le empecé a cogerle cariño a la música. Mi primo hermano Ismael Cervantes me consiguió una profesora de piano, Ana Carrasquilla. En ese entonces tenía unos 13 añitos y alternaba mis estudios de primaria con los de piano, allí empezó mi cariño por ese instrumento, mi aspiración era ser un pianista no súper famoso, pero sí uno bueno", cuenta.
Al piano con una papayera
Cuando tenía 19 años empezó a actuar con el grupo de su tío Teódulo, ahí dio sus primeros pinitos como pianista. Su tío le daba cualquier cariñito para que no se fuera con las manos vacías. Después pasó algo insólito, empezó a tocar el piano con una papayera, lo que para Alci era absurdo.
Se presentaban en un cabaret que estaba ubicado en la zona de tolerancia de Barranquilla. Recuerda que los dueños de la papayera se comprometieron con su mamá en recogerlo en un sitio de la capital del Atlántico, de ahí tomaban un vehículo que los trasladaba hasta el cabaret, donde tocaban desde las 10:00 de la noche hasta las 4:00 de la mañana, apenas terminaban lo embarcaban en el transporte a Soledad. Esos fueron sus comienzos como pianista profesional.
Siempre ha sido fanático de la Sonora Matancera, Daniel Santos, Leo Marini, Alberto Beltrán, Bienvenido Granda, Celio González, su paisano Nelson Pinedo, cantantes que siguen siendo sus ídolos. Cuando practicaba en el piano cantaba los boleros de sus intérpretes favoritos.
Después lo llamaron de orquestas de más categoría como la del maestro Nuncila Machado, después pasó a la de Peyo Torres que se llamaba Los diablos del ritmo de Sincelejo. Con Machado tenían un programa dominical en la emisora La voz de la Patria donde cantaba mosaicos de los Billo's Caracas Boys.
Gracias a ese programa lo descubrió Cristóbal San Juan, quien lo buscó en la esquina del Ley, donde se reunían los músicos barranquilleros, y le propuso que grabara dos canciones inéditas, Odio gitano y Boda inútil.
Fue a hacer la prueba en una disquera llamada Discos Eva donde no le pararon bolas, no creían que un costeño tuviera éxito cantando boleros, pero en 1964 en Discos Tropical después de escucharlo cantar le dijeron que no necesitaban un disquito, sino un long play, y de ahí hasta hoy ha grabado 67 discos.
Sin creer que su trabajo iba a ser exitoso aceptó ser el pianista de la orquesta de Simón Mendoza, la Sonora Cordobesa de Montería, que estaba radicada en Bogotá. A su regresó a Barranquilla encontró que su disco se vendía como pan caliente.
"Hombre sí, yo no voy a ser ingrato, pero si hubiera salido en esta época estaría archimillonario, desafortunadamente cuando salí, yo era el empresario y no tenía idea de eso, el primer contrato bueno que tuve fue en Cartagena y me pagaron 400 pesos, eso para mí era mucha plata", recuerda.
Su estilo
Describe su estilo como bastante raro, original y especial. Reconoce que su voz es fea, aunque se enorgullece diciendo que en el programa Yo me llamo han participado dos concursantes que no han logrado imitarlo, según él, porque no tocan el piano.
"Ni mi hijo Checo, porque a él en algunas presentaciones le exigen que cante una o dos canciones de las mías y sin embargo la voz no es parecida", explica.
Reconoce que sus canciones hacen parte de la banda sonora de este país, aunque trata de olvidar sus éxitos, según él, porque piensa que la gente se satura. "Hoy en día tengo un repertorio bien bonito, por ejemplo, hay una canción que la gente quiere mucho, dedicada a nuestro querido padre que se llama el Cascarrabias, hay otra que se llama No renunciaré, son canciones que las tengo como archivaditas y la gente me las exige", comenta.
En su voz también ha hecho versiones exitosas como El último beso, canción que describe como trágica y se llena de sentimiento al hablar de ella, "por qué se fue y por qué murió, por qué el señor me la quitó". Está relacionada con su hija mayor, Janeth de Jesús, porque era su favorita y uno de sus sueños era que con su hijo Checo la cantarán en un espectáculo, que ocurrió 20 días después de que ella falleció.
"Me aprendí una versión que vino desde México, un muchacho Polo o algo así, esa fue la versión que me dieron en Codiscos y bueno gracias a mi Dios la hice a mi estilo y todavía sigue sonando, la gente la pide, y lo mismo pasó con mi canción insigne que se llama La copa rota, la versión que me aprendí fue la de José Feliciano, y es la canción que más me pide la gente, acá mi amigo animador cuando la gente se pone medio pesada, pidiendo La copa rota, él dice no se la pidan porque él la canta cuando ya se va a ir, todavía no se va ir, entonces un poquito de paciencia", aunque irse de los escenarios está ya decidido, será en febrero de 2015 cuando cumpla 50 años de trayectoria.

Guillermo Henao, conocido como Borola, es el animador de Alci Acosta desde hace 45 años. Se conocieron cuando el cantante y pianista costeño trabajaba en la Sonora Cordobesa, de Montería. Borola hacia una revista musical y frívola que llamó A calzón quitao y también era bailarín y hacía fonomímica en el cabaret en el que se presentaba Acosta. "Nos encontrábamos afuera del establecimiento a tomar café con leche y comer empanada, hasta que una vez me invitó a su casa a comer arroz con lisa y me propuso que fuera su animador", cuenta Borola.
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