LA PATRIA | MANIZALES
¿Temores? Claro. Y muchos. Tener que dormirse en la madrugada, cuando no haya nadie alrededor, por miedo a que lleguen jóvenes trabados de La Cañada o La Avanzada a jugar tiro al blanco o puntazo con ellos. Arriban hasta donde están acostados los habitantes de calle, envueltos en cobijas o plásticos, y apuestan al que más puñaladas le pegue en diferentes partes del cuerpo.
Así le pasó a Carlos Eduardo Martínez, natural de Tuluá (Valle), en la Galería. Recibió cuatro. Sin embargo, solo se enteró de las heridas al día siguiente, cuando lo atendieron, pues llevaba tres días de traba y no sintió. Murió.
O lo que le ocurrió a Agüita, a quien le arrojaron, sin ninguna razón, ácido de batería mientras dormía. Le quemaron la mitad de la cara y de la lengua. Perdió un ojo.
A esto se enfrentan las personas que viven en las calles de Manizales. Lo peor es que también las están matando. Este año van seis, según el obispo Fray Juan Torres, de la Fundación Orden Franciscana de la Divina Compasión, quien los conoce y los ayuda con baño, servicio de salud y almuerzo (ver recuadro Sus historias). La Alcaldía habla de tres (ver recuadro Son riñas, no limpieza: Alcalde).
La Policía atribuye esas muertes a líos entre los habitantes, ajustes de cuentas por venta de estupefacientes o problemas del pasado. En el 2017 fueron cuatro. Informó que este año han neutralizado algunos delitos cometidos por ellos. Entre los más recurrentes son hurto a personas, a comercio y a infraestructura de servicios públicos (10) y tráfico o porte de estupefacientes (26).
El temor lleva a estas personas a rotar constantemente. Antes estaban más tranquilas, pues dormían casi 80 juntas en la Galería, pero como las autoridades los dispersa, deben separarse. "Ya no hay quién campanee", aseguró uno.
Otro miedo es el vicio que los carcome.
"A veces se quedan con el mandado (dosis de droga), porque la ansiedad los lleva a hacerlo. Ellos aseguran que hacer eso es chuzón o matada fija. También le temen a morir en las calles, solos. Por eso les pido datos de las familias, para ubicarlas cuando les pase algo", anotó Fray Juan.
Quienes ayudan a los habitantes de calle consideran que estas personas son 'lavapatos' de todo mundo. Las bandas distribuidoras de droga los envician y los convierten en clientes 1A, tanto así que reciclan o piden solo para consumir, no para comer. Los usan para llevar estupefacientes de un lado a otro y los ponen a distribuir dos o tres fichas. Cuando se las quitan no les da para judicializarlos, pero le deben responder al dueño por lo decomisado.
"En el patio Uno de la cárcel La Blanca, que alberga a unos 220 internos, el 30% son habitantes de calle o personas que ya empezaban esa vida", manifestó.
Aseguró que en la ciudad no son 538, como dice la Unidad de Protección a la Vida (UPV). Cree que la cifra supera los 600 y cada día aumenta más.
"La UPV habla solo del Centro y la Galería. Pero en los barrios hay más. En La Carola, Fátima, Ruta 30, Pío XII, Aranjuez, ladera de Chipre, Media Torta, bajando a Villapilar, en la salida antigua para Arauca, Solferino, Sinaí. Incluso, van a Villamaría y vuelven", indicó.
Muchos de ellos se encuentran con las familias, toman contacto y se ven dos o tres veces. Algunas no los buscan de nuevo porque se vuelven muy pedigüeños, simplemente pierden comunicación o jamás llaman porque no les interesa abandonar este mundo, donde saben que lo único que tienen seguro es la muerte.
Lo más preocupante, según Fray Juan, es que cada día un joven llega a las calles porque en la casa ya no le abrieron la puerta, se cansaron de que les roben o decidieron no ayudarlos más.
"Tengo el caso de tres hermanos, de Salamina. Uno a uno fueron cayendo a la calle y no quieren ni volver al hogar, dicen que a qué. El padre trabaja en finca y la madre los dejó. Una vez la llamé y no le dio importancia. ¿Qué hace uno cuándo a la familia no se le ha educado? El papá y mamá ahora son la calle", concluyó Fray Juan.
2017
Octavio Cardona, alcalde de Manizales, explicó que según sus cuentas no son seis, sino tres: Galería (2) y Los Cedros.
Indicó que la de San José no era habitante de calle.
"Cuando no se sabe por qué los asesinaron, hay que investigar si hay personas que los están matando. Desde los consejos de seguridad hemos buscado esclarecer esos homicidios. Si llegase a existir un grupo de limpieza se conformaría un equipo especial con la Policía. Acá lo que hemos tenido son casos de riñas, pero no de limpieza social".
Añadió que las acciones de la Administración Municipal son de atención y prevención, que las adelantan con la Unidad de Protección a la Vida, que se encarga de la calidad de vida y mejor bienestar de los habitantes de calle.
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