
LA PATRIA | Manizales
Viven a 1.463 kilómetros de distancia, pero los une un mismo dolor. Mientras que en Aragua (Venezuela) un grupo de abuelos gritaba en la puerta de un ancianato: por qué nos lo mataron, si lo único malo que hacía era ayudarnos; en el barrio Bajo Andes (Manizales), la familia Bedoya Castañeda no se explicaba cómo le hicieron daño a una persona tan buena.
Así se vive el drama por la partida de Diego Bedoya Castañeda, de 35 años, sacerdote de la Congregación Franciscana en el vecino país.
Al hombre, nacido en Sonsón (Antioquia), pero que vivió ocho años en Manizales, lo degollaron dentro de un cuarto, al parecer, al oponerse a un robo.
El dolor es doble para la familia en la capital de Caldas, pues por protocolos de la congregación religiosa, los restos los enterraron en su sede de la Casa Familiar Candelaria, en la ciudad de La Victoria – Estado Aragua. Además, por tratarse de un homicidio, no se permitió por ahora la repatriación.
Aliris, tía del fallecido, recordó que hace unos 15 años se marchó para Venezuela por invitación de un padre Franciscano. Allí asistía a unos 65 ancianos y niños con discapacidad.
"Los bañaba, vestía, ayudaba y les daba de comer. Salía a recorrer las calles para conseguirles alimentos. A principios de semana arribaron dos camiones cargados con ayudas y unos ladrones se dieron cuenta. Llegaron a robarle, él lo evitó y lo asesinaron. Al parecer fueron varias personas, trabajadores de él, entre ellas menores de edad. Todo indica que ocurrió por la falta de comida en ese país. Amaba a los más necesitados y dio la vida por ellos", indicó.
Rememoró que el sábado de la semana pasada habló con él y preguntó mucho por la abuela y los primos, porque quería llevarse a uno a trabajar allá, pero cuando la situación mejorara.
"Cada que conseguía un permiso arrancaba para Manizales. En mayo vino a celebrar el Día de la Madre y el cumpleaños de mi mamá. Comió de todo lo que por allá no encontraba: fríjoles, mazamorra, chicharrones, arepa y mondongo. Cuando venía se quería volver rápido porque no dejaba de pensar en cómo estarían los ancianos sin él".
Se fue de Colombia a los 20 años. En Manizales estudió en Redentoristas, hizo acá la primaria y la Primera Comunión.
La familia añora que más adelante se lo puedan entregar para darle el merecido adiós.
El colombiano desempeñaba su labor en el barrio La Otra Banda, parroquia Castor Nieves Ríos, del municipio José Félix Ribas, La Victoria.
En diciembre pasado, al sacerdote manizaleño Álvaro Jaramillo Londoño le dieron escopolamina y lo golpearon por robarle, en Bogotá. Hace parte de la Comunidad de Misioneros Marianos. Duró 25 horas desaparecido.
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