
“Falta más solidaridad con los afectados. Con toda el alma publicaría mi nombre y mi foto, pero esta es una sociedad muy triste y egoísta. Que lo sepan puede perjudicar a mi familia o a mi empresa”.
Esta reflexión la hace una manizaleña sobreviviente de la covid-19. En los registros de la Territorial de Salud figura como el sexto caso reportado en la capital caldense.
Justifica que parte de la reacción de las personas tiene que ver con su desconocimiento y el temor por algo que para muchos es casi incomprensible.
Aunque reconoce que en otros países hay más solidaridad y más apoyo.
Su historia comenzó con un viaje a Europa planeado hace mucho tiempo. Afirma que miedo nunca hubo porque, como muchos otros, ella y su esposo pensaron que ese virus se quedaría en China.
Relata que en “ese país todo estaba normal”, aunque se escuchaba de ciertos aislamientos en ciudades cercanas, pero no era complejo, la gente estaba tranquila.
“¿Dónde me infecté?, no sé. Creo que fue un señor que me guió durante un recorrido”.
A punto de viajar a Lisboa (Portugal), les sorprendió la noticia del cierre de fronteras que anunció el presidente. “Eso nos asustó, por eso preferimos hospedarnos donde un familiar, porque también el dólar estaba por las nubes”.
Así terminaron el confinamiento y comenzó el viacrucis para lograr un vuelo para Colombia.
En todo este tiempo afirma que no tuvo síntomas. El coronavirus no era su preocupación, sino regresar a Colombia para ver a sus hijos. Llegaron el día que comenzó la cuarentena, el 19 de marzo. El trayecto fue Bogotá, Pereira y Manizales.
Al día siguiente llamó a la Dirección Territorial de Caldas para informar que recién llegaban de Europa. Le hicieron la prueba, no tenía síntomas evidentes, solo perdió el sabor y el olor. “Cuando vino la persona a la prueba se vistió en el apartamento, parecía un extraterrestre. Ahí fue cuando entendí que esto era muy complejo”.
Continuó la cuarentena, siempre anhelando abrazar a sus hijos. Fueron ocho días de espera, hasta que escuchó “usted es positiva, fue como un balde de agua fría”.
Apareció la dificultad para respirar, como si se quedara sin oxígeno. “Creo que a esto hay que ponerle seriedad porque es muy fácil contagiarse. Esto es en serio, no una simple gripita”.
Fueron 25 días y pocos síntomas. “Esta enfermedad es perversa, me tenía como portadora de la infección y sin síntomas”.
Recuerda al taxista que los trajo del Aeropuerto Matecaña hasta Manizales. “Me dio pesar, porque tomó las maletas como si nada. Le contamos que veníamos de Europa, y él como si nada”.
Esta historia, como dice ella al comienzo le falta el nombre y le falta un rostro, por eso vale su reflexión: “Esto no es solo de uno, es de todos. Si yo me cuido, pero el del frente, no, esto se volverá una bola de nieve”, concluye.
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“Esta enfermedad es demasiado solitaria. Se necesita más acompañamiento, guardando los protocolos. Se necesitan más palabras amigas”.
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