Teófilo Rentería Betancur


Desde su llegada a América los afrodescendientes hemos tenido que luchar contra las adversidades a las que fuimos arrastrados con nuestra salida de la madre África y demostrar su casta e ingenio para poder superar todas estas desventuras. Este 2020 no fue la excepción por la afectación de la pandemia a nuestro país, departamento y municipios, donde nuestras comunidades residen. Este año tuvimos que cambiar las luchas que por años hemos llevado, como lo son: la lucha para que se nos reconozca, la lucha para que se nos respete, la lucha antirracismo, entre otras; por la lucha contra este virus que afectó al mundo entero. No fue una lucha fácil con las inhóspitas condiciones en las que viven algunas comunidades afro en Caldas, rezagadas, excluidas, tiradas en el olvido y varadas en el tiempo.
Bien dice el adagio popular que “La vida no se hace más fácil o más indulgente, nosotros nos hacemos más fuertes y resilientes”, y es precisamente la resiliencia uno de los valores más grandes y bonitos de la población afrodescendiente, ya que todos los atropellos a los que hemos estado sometidos nos han blindado con una coraza impenetrable a la que ni siquiera la covid-19 pudo vencer. El borojó, el primitivo, el ñame, el chontaduro y el pescado nos brindaron las fuerzas necesarias para soportar el aislamiento social y con algunas pocas, pero muy lamentables muertes en nuestras comunidades afro, nuestra raza de nuevo ha demostrado su vigor, ese brío que las penas de nuestros antepasados dejaron en nuestros genes.
Pero en medio de la pandemia no todo es malo, por ejemplo, en la vereda Villa Esperanza, en el municipio de Victoria (Caldas), gracias a la gestión de Corpocaldas y el Comité de Cafeteros de Caldas, después de 30 años de habitar en este territorio, por fin se está construyendo un acueducto que suple las necesidades de agua de esta humilde comunidad. Además, es un hecho histórico que, desde su creación, por primera vez la Consultiva Departamental Afro logró importantes acuerdos con la Gobernación, tales como la Mesa Permanente de Concertación Departamental Afro, las unidades temáticas, entre otros espacios de participación ciudadana que inician una ruta al desarrollo de la comunidad afro, desde un enfoque étnico diferencial y con una visión holística de gobierno, que busca salvaguardar nuestras costumbres, creencias y tradiciones, y que cierran una brecha crucial de exclusión y olvido institucional, abriendo una puerta a la restauración de esta cultura ancestral.
Como etnia evaluamos el 2020 como un año de reflexión en el cual aprendimos a valorar lo realmente importante, en el cual alimentamos el amor familiar y que nos llevó a reinventarnos en nuestra propia existencia, también tenemos claro que el 2021 será un año clave para el desarrollo de la comunidad Afrocaldense, y que como hermanos debemos trabajar de la mano con nuestras comunidades para que todos los proyectos plasmados en los diferentes planes municipales de etno-desarrollo, puedan llevarse a buen término y tener una comunidad más unida, comprometida y empoderada de sus procesos, conservando en nuestros territorios la alegría de nuestra ancestralidad cultural.
(“Ọlọrun n wo wa, titi awọn ara wa yoo fi di ekuru ati ni afẹfẹ o mu wa lọ si iya wa Afirika”, que traduce: “Dios nos está mirando, hasta que nuestros cuerpos se reducen a polvo y en el aire nos lleva a nuestra madre África”).
* Líder social afrocaldense en La Dorada
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