Santiago Mejía Toro


Hace año y medio ni el más pesimista podría haber vaticinado la tragedia que enfrentaría el mundo entero y que aún hoy sigue haciendo estragos en las economías de todos los países y en la inmensa mayoría de las empresas. Aunque hubo innumerables compañías damnificadas por el lockdown global, hubo varias que salieron airosas e inclusive muchísimo más fortalecidas en comparación a la actividad que tenían antes de pandemia.
Es probable que haya muchas razones que expliquen esta particular situación, sin embargo, tal vez la más sólida se fundamenta en la estructura liviana y ágil y especialmente, en la capacidad que aquellas empresas tuvieron y aún hoy tienen de pensar digitalmente.
La transformación digital no es solo una frase con un par de palabras que suenan contundentemente en los pasillos de las universidades o hacen parte de los pitches de consultores empresariales que apoyan a los gerentes a reinventarse y a hacerles entender que deben dejar atrás paquidérmicas costumbres que hoy en día los hace menos competitivos y más lentos a la hora de tomar decisiones estratégicas.
Esta poderosa frase, es tal vez la gran “culpable” de que surjan empresas que rediseñan su planeación estratégica cada 14 días. ¡Sí, cada 14 días! Rappi es un gran ejemplo de esto. A muy pocos les cabe en la cabeza que un unicornio de la talla de Rappi pueda reinventarse cada dos semanas.
¿Saben cómo lo logra? Lleva procesos espectacularmente ágiles, realiza reuniones supremamente efectivas en las que analizan qué funciona y qué no, qué se mejora, qué se cambia o qué se elimina. Se toman decisiones de manera inmediata. No existe una estructura administrativa piramidal que obligue a que los asuntos sean tratados por múltiples niveles jerárquicos, al contrario, la organización de las áreas es tan plana que es muy difícil identificar quién es jefe de quién, facilitando la interacción y la comunicación entre todo el equipo. Ese tipo de estructura organizacional y un joven y talentoso equipo de trabajo totalmente alineado con las creencias empresariales de Rappi, son componentes de lo que hoy se considera una empresa como digital.
Tal y como Rappi lo hizo, muchísimas empresas y sus líderes ya venían adoptando nuevas tecnologías e implementando procesos más ágiles y dinámicos, sin embargo, fueron pocas las que lograron culminar esa transición de manera exitosa y, son menos aún las que puedan en este momento relatar una historia con tintes épicos de cómo no solo sobrevivieron a la pandemia, sino de cómo hoy dominan gran parte de sus respectivos mercados.
Estas empresas lo lograron gracias a la velocidad con la que aprendieron a administrar sus proyectos, a evaluar el desempeño de sus operaciones, a tener un mayor y más eficiente control de sus activos y por supuesto, a adaptarse al nuevo estilo de consumo y preferencias de compra de sus clientes.
El tiempo dirá qué tan acertadas estuvieron las empresas que evolucionaron o qué tan equivocadas las que no lo hicieron y continuaron haciendo más de lo mismo; lo que sí es claro y hoy fácilmente identificable, es cómo, sin excepción, las empresas se vieron obligadas a por lo menos a implementar nuevos hábitos y a usar nuevas herramientas para comunicarse e interactuar entre sí. Hoy, ya es normal usar plataformas colaborativas empresariales como Whagons, Monday, Miró e Infinity, o apps de comunicación como Zoom, Google Meet y Microsoft Teams.
Tarde o temprano, aquellas empresas que aún hoy son renuentes a evolucionar quedarán relegadas a los últimos lugares del mercado y eventualmente desaparecerán siendo absorbidas o aniquiladas por empresas de pensamiento digital. De ellas solo quedarán viejos recuerdos de lo que fueron, material para casos de estudio que será analizado por nuevas generaciones de estudiantes universitarios y un “clásico” ejemplo usado en los pitches de los consultores empresariales.
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