Pedro Felipe Hoyos Körbel


Leí en días pasados un artículo publicado en este diario en el cual se referían al incendio de Salamina del 7 de abril. En él se trataba de dilucidar la situación de los seguros referente al patrimonio arquitectónico, insistiendo en que había empresas de seguros que aseguran casas en bahareque, como son las de Salamina. El tema patrimonial es muy complejo y sobran espontáneos y desinformadores que quieren lucirse con plumas ajenas. Los seguros referentes al patrimonio arquitectónico son un tema que requiere de soluciones radicales. Bien lo dice el artículo, el patrimonio arquitectónico del cual es dueño el Estado, como el caso del Instituto Universitario, debe estar asegurado. El que sufre es el que está en manos particulares, que es la mayoría, ya que todas las cargas y responsabilidades recaen sobre su dueño. Ese seguro lo debería cubrir el Estado en su totalidad, asegurando así que el patrimonio se repare lo más rápido posible después de un daño, no afectando al resto de ese conjunto patrimonial. La declaratoria de patrimonio de una edificación se puede equiparar a un embargo, ya que terceros quedan determinando que se puede hacer con la propiedad. Las prohibiciones son más que los beneficios, y para todo se debe diligenciar un permiso oficial, donde los particulares sabemos que no prestan el más eficiente servicio. Para muchos propietarios es más fácil dejar perder el inmueble en espera de la declaratoria de ruina para que les sea permitido tumbar el edificio y obtener un permiso para operar un parqueadero. La ley le exige al propietario reconstruir el mismo edificio, que usualmente es un la edificación de dos pisos en un lote donde podría caber perfectamente un edificio de diez niveles, causándole una merma en su patrimonio particular. Si remplazamos el término de patrimonio y colocamos el de bien público, porque esa es la idea de la declaratoria de patrimonio, que se trata de un edificio ejemplar y simbólico de y para toda una comunidad, sería lógico que si todos se benefician, ¿Por qué el Estado no asume un papel más determínate y constituye en fondo que le preste dinero al propietario, a pesar de que su propiedad sea patrimonio y tal vez sea de bahareque? Que el Estado garantice el valor de la prenda ante los bancos y el propietario pueda obtener dinero para reparar su bien o disponer a su antojo del dinero. Con este tipo de iniciativas se les ayudaría a los propietarios paliar la suerte que les tocó de poseer un bien de esta importante categoría. Si bien existen beneficios tributarios para los inmuebles patrimoniales, a una población pequeña le significa un recorte importante en su dinero para atender los gastos municipales. Esta asistencia motivaría a muchos propietarios a ver sus casas de otra manera y los centros históricos despegarían de forma normal, sin perder ningún tesoro arquitectónico. Dicté en días pasados en Abejorral una charla sobre patrimonio y el tenor de las preguntas e inquietudes de un público compuesto en su mayoría por propietarios, era la búsqueda de eliminar la declaratoria patrimonial ya que esta se había convertido en un callejón sin salida para ellos. Decían que su centro histórico, el más grande del país, lucía mucho mejor antes. Al patrimonio, para que persista, se le debe quitar el aspecto de calamidad, de esta forma, con poco dinero el Estado cumpliría con su razón de ser y lograría esto en compañía del ciudadano propietario.
El tema interesante y álgido en Salamina gira alrededor del tipo de construcciones que reemplazarían a las quemadas. ¿Cómo se va a aprovechar ese centro de manzana que ocupa un guadual? Hay una bella oportunidad para mostrar que el diseño en bahareque no es sólo histórico, sino que hoy en día es igualmente de útil y cubre las necesidades y expectativas del habitante del siglo XXI, y no cometer un abuso en cemento.
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