Pedro Felipe Hoyos Körbel


Conocí a Mary Grueso en la Feria del Libro de Bogotá del año 2004. Me estaba estrenando como editor y acudí a la Feria con el afán de aprender este oficio. Definitivamente la universidad del libro en Colombia es este evento, no hay más. Dentro de la programación vi un recital de poetas afro, al cual acudí. Se presentaban Mary Grueso, Elcina Valencia, María de los Ángeles Popov y Lucrecia Panchano. En una salita para 30 personas estábamos a la expectativa más de 50. ¡Qué fuerza, qué vitalidad y qué presencia! Me asombré profundamente. ¡Qué diferencia de trabajos! Incomparables entre ellas, cada una, una personalidad, originales completamente. La poesía de María de los Ángeles me cautivó de primero y con ella hice a los pocos meses un cd interactivo con sus poemas eróticos. A cada poema le produje una video-interpretación, o mejor un clip como si fuese una canción. Estoy convencido del aporte y calidad de estos trabajos y no comprendía que todas ellas eran, técnicamente, inéditas, o sea no tenían el vehículo para conquistar y convencer un público más amplio.
Con Mary Grueso grabamos un fono-poemario en el cual ella declamaba sus poemas. Le pusimos: “Mi tierra, mi gente y mi mar”. Me decidí por este formato debido al manejo extraordinario de Mary del escenario, de la fuerza que adquiere su poesía cuando ella la declama. Como buena hija del Pacífico, la tradición oral y la memoria forman parte de sus herramientas, ya que en la humedad y a la exposición de los bichos, el papel en su natal Guapi no dura mucho. Asi que esta mujer posee una memoria más que entrenada. La invité a un evento en Manizales y subiéndose al escenario me devolvió el micrófono diciendo que no necesitaba de esos aparatos, y evidentemente la fuerza de su voz captó al público desconcertado que hoy en día todavía la recuerda y me pregunta por ella. ¿Cuál poeta local posee una autoestima de ese tamaño? En esta mujer hay una vivencia de poesía diferente, que la caracteriza.
Mary Grueso es profesora y será siempre la guía amable de niños vivaces. Paciencia y determinación son los dos faros de su actuar y así trata a su público al cual solo le resta plegarse a su propuesta. Su cara afable con ojos pequeños y saltones inspira seguridad.
Su poesía es valiosa para Colombia, porque significa la presencia afro en nuestra literatura. Ella superó lo folclórico y la tradición oral anónima y cosecha triunfos en un campo al cual, lastimosamente, se asoman pocos afrocolombianos. El país no está preparado para destacadas poetas afrocolombianas. El estereotipo gira alrededor del fútbol y la música. De ahí su intrínseco valor ya que fortalece a un grupo étnico y por reflejo fortalece a la nación.
Su poesía reboza de practicidad, se presta elementos de muy variadas escuelas resultando con un portafolio muy ecléctico. Como artista madura refleja su entorno, que mucho tiene de rural, no costumbrista. Se apropia del territorio y pulsa su gente, sus oficios y sus afanes, convirtiendo esas vibraciones en versos. Cada verso de Mary es como un mojón para marcar su territorio Pacífico, pero sin afán de crear fronteras; los mojones de Mary son de luces de colores para ayudar a ver su país.
Mary Grueso con su poesía le expide a cada afrocolombiano un certificado de propiedad de la historia, y a la vez hace grandísimas consignaciones a la cuenta de la Colombia multirracial, que le falta verse más en su propia cultura que dejarse confundir por voces extrañas en todo el sentido. Mary como sus ancestros cartageneros construye portentos.
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