Pedro Felipe Hoyos Körbel


Un tema que se me estaba quedando en el tintero y me parece muy oportuno ventilarlo antes que el año 2018 siga su apresurado rumbo y es el de la creación de un partido político por la Arquidiócesis de Manizales, asunto que me parece de suma gravedad.
Estuve, hace 2 meses, en misa de seis en la iglesia de San Antonio y al finalizar la eucaristía el padre nos solicitó que nos quedásemos que alguien iba a comunicarnos algo de importancia. Tremenda sorpresa cuando Iván Gutiérrez, autor de un complicado libro de simpático título, empezó a explicar su petición. Quería recolectar firmas para inscribir su candidatura al Congreso, representando a un movimiento llamado “Católicos colombianos por la Familia”. Quedé atónito y asustado, ni siquiera reaccioné para filmar semejante exabrupto.
Le oí decir a este hombre, al cual seguramente cualquier estudiante de psicología le puede decir que su comportamiento se asemeja a un Mesías, pero narciso, que esas firmas solicitadas no las estaríamos dando por él o el movimiento sino por ¡la gracia de Dios! ¿El exactor Gutiérrez nunca se leyó a “Del Gobierno de los Príncipes” de Santo Tomás de Aquino? ¿O ese otro opúsculo tan interesante del general Rafael Uribe titulado “El liberalismo no es pecado”?, o si tiene asesores de vuelo académico ¿“La Democracia en América” de Tocqueville? De esa forma no incurriría en la sandez de, como político aspirante a una curul en el Senado, hablar de la gracia de Dios en esos casos. Me pregunto: ¿Este iluso hombre y su patrocinador religioso quieren que Colombia vuelva a la época de la Violencia, de los pájaros y chulavitas, los cuales mezclando religión y política, se dedicaron a despoblar el campo de nuestra Patria?
Con un poco más de conocimiento este hombre y el arzobispo de Manizales podrían aterrizar y entender que al Estado y la Iglesia, en especial la Católica, los hemos separado. ¿No conoce este hombre de aparente voluntad nuestra historia para saber que hicimos tres guerras civiles para obtener ese logro? Aquí aplica: El que desconoce la historia está condenado a repetirla, y más grave en este caso porque está invitando a gente incauta a incurrir de nuevo en ese error.
Dijo Gutiérrez que el movimiento “Católicos colombianos por la Familia” era la única organización en Colombia que se regía por los diez mandamientos. Al parecer estos líderes no prenden un televisor para enterarse de cómo está colapsando el mundo cuando se aplican reglas de orden religioso en el terreno de la política. La palabra fundamentalista seguramente solo la reconocen en el ámbito musulmán y no ven la senda tan nefasta que están señalando.
Con desparpajo, casi que pueril por lo irresponsable, Gutiérrez dijo que él actuaba siguiendo el mandato del papa Francisco, quien había dicho que la Iglesia católica debería hacer política. Lo que sí dijo el papa fue que la Iglesia debía salir a la calle. Que era hora de que ella, sus jerarcas, se empapase de las ideas y posiciones de la gente. Que los obispos entraran en contacto con la feligresía como lo hacia él, sin protocolos ni miramientos, pero nunca habló de formar partidos políticos y mezclarse en política, y menos en la colombiana que es más que perversa.
Una Iglesia católica atacada constantemente por críticos severos y detractores contundentes no debería pisar un terreno excesivamente terrenal para no espantar más a la opinión. Con los casos de pederastia hay escándalo suficiente como para que se luzca la Iglesia con políticos tan incoherentes como este muchacho de Pácora. La Iglesia católica no puede tomar partido, debe, como madre, amar y estar presta para todos sus hijos. Si Gutiérrez y su apoyo quieren convertir a los templos católicos en foros políticos, como demócratas, deberían brindarle la misma oportunidad a los otros partidos para que promuevan sus ideas, ya que la igualdad es el lema central de la democracia, cosa que seguramente no permitirán.
Supe que las firmas no fueron suficientes, que el respaldo no fue en toda la Arquidiócesis y el caso no adquirió los contornos amenazantes que hubiera tomado si hubiese triunfado. Es urgente que la Iglesia se distancie, una vez por todas, de ese tipo de peligrosos juegos que no ayudan a promover los valores católicos. Somos la Iglesia católica, institución milenaria, y no el Mira, movimiento que igualmente pretende mezclar religión y política. Tenemos un pasado importantísimo y una misión que rebasan la mira de la política.
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