Pedro Felipe Hoyos Körbel


Es bueno concluir el año haciendo un recuento, aunque sea corto, de lo que sucedió durante en una vigencia en un campo específico para de esa forma definir pasos para el año que sigue, pero aquí empiezan a surgir dificultades. Hay una discrepancia entre las muchas veces grandilocuentes definiciones de la ley y la realidad, se puede pensar que se está hablando de dos cosas diferentes. Por ende, los resultados no pueden ser alentadores. La farragosa legislación, que nada tiene de orgánica ya que carece de un hilo conductor, se convierte en la aliada de las administraciones indolentes y perezosas, constituyéndose en la verdadera amenaza para el feliz desarrollo del tema propuesto. ¿Será que el Ministerio de Cultura se habrá dado cuenta de eso y propondrá una forma diferente de hacer presencia coherente en las regiones, más allá de la oferta de ciertos estímulos económicos el año próximo?
Dentro de los logros de este año se debe resaltar la Capilla de La Enea que fue reconstruida. El edificio perdió su identidad, pues el daño causado por las criminales llamas fue severo y una reconstrucción histórica no fue opción para los expertos contratados por el Ministerio. Siguiendo con el inventario de edificaciones religiosas, la Catedral Basílica fue lavada y en gran parte impermeabilizada. Su nueva apariencia asustó a más de un manizaleño, pero se adaptaron rápidamente a su nuevo color. Dentro de esa mirada a la parte alta del edificio se destaca que fueron desacertados los diseños de los santos y el Cristo con que los responsables, entre ellos el maestro Guillermo Vallejo, dejaron huella en la Catedral. Está bien que el estilo arquitectónico de nuestra Catedral sea eclético, pero eso no puede dar vía libre para colocar una estatuaria que refleja el nulo conocimiento del artista del código estético de ese edificio. El buen Guillermo hizo lo que le dio la gana, igual que su colega el maestro Arenas Betancourt. Entendí que siguen unos trabajos en el atrio y tal vez se comience el trabajo de los vitrales el año entrante.
El patrimonio arquitectónico, dentro del POT aprobado este año no ganó gran cosa, da la impresión de que no existe, su tratamiento fue tan genérico que no da base para su conservación ni para su demolición. El axioma jurídico del uso del suelo no hizo hincapié en las edificaciones históricas y su tratamiento especial, ganaron los casinos y los bares dándole vía expedita a una calcutación de nuestro Centro Histórico, obstaculizando perfilar esa parte de la ciudad como un verdadero destino turístico.
La creación en este año de la ONG Fundación Patrimonio: Pasado, Presente y Futuro, que pretende defender el bahareque, es otro paso importante para dotar a la ciudad de entidades que propongan otra mirada sobre temas tan impopulares como son la historia y la conservación de la misma.
Si se me pregunta por la Juan XXIII no sé nada, excepto lo que viene diciendo su defensor jurídico hace muchos meses: ¡ya vienen!, ¡ya vienen! Solo vi un diseño de la propuesta y de nuevo aparece un ascensor panorámico en la parte de atrás. No sé qué funcionario en Bogotá cree que el bahareque rima con el plástico y el hierro. No se pueden hacer esos daños pretendiendo ajustarse a una mal entendida idea y legislación de inclusión de la población discapacitada. ¿Será que poco antes de las elecciones de mayo se termine de adjudicar ese excesivamente caro contrato?
Cierro este somero recorrido con un lunar: la demolición de la Escuela José María Guingue, para muchos injustificada porque nadie se explica porque un bien del Municipio se abandona, no se protege, ni se mantiene, induciendo de esa manera su demolición. ¿Hay que buscar responsables en la oficina de Bienes, o en el Instituto de Cultura y Turismo, o en el despacho de algún alcalde? No he sabido que una investigación de esta índole se esté adelantando. Supongo que el Estado se esconde provisionalmente detrás de una demanda de parte de los ciudadanos para ganar tiempo, tiempo que es fatal para estos vetustos y amenazados inmuebles, dejando en ridículo la función pública.
¿Muy desalentador el panorama patrimonial para el año entrante? No lo creo, es igual a todos los años, ya que el interés de la gente y por ende el de las Administraciones es muy bajo. Trasnocha más el maltrato a un animal, produce más votos ese tema, que ponerle voluntad al Patrimonio Cultural. Promover la conciencia acerca de ese patrimonio puede ser un buen propósito para el año entrante.
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