Mauricio Vega Lemus


La planeación consiente de nuestro territorio es sin duda una herramienta esencial que potencializa el desarrollo de nuestra región, porque nos permite proyectarnos hacia al futuro como Eje Cafetero y nos permite prever contingencias como las ocasionadas recientemente por el invierno.
La dificultad para realizar este ordenamiento consiste en saber cuál es ese modelo de territorio ideal, ¡hacia dónde queremos ir!, teniendo en cuenta que nuestra sociedad es diversa, multicultural y estratificada, por sólo nombrar algunos factores, pero siempre persiguiendo un modelo de ocupación adecuado encaminado al desarrollo sustentable, que las claves para el ordenamiento de un territorio son determinar sus dinámicas sociales, económicas y ambientales.
Para ordenar el territorio es clave ordenar primero el pensamiento, teniendo claro aspectos como nuestra accidentada topografía cafetera, el clima variable y, por supuesto, las diferentes necesidades de quienes habitan el territorio. Precisamente esa diversidad es la que debe llevar a involucrar en el proceso del ordenamiento a los diferentes grupos sociales, para tener una visión más global de nuestra zona, y a su vez garantizar un proceso de construcción transparente, informado y participativo para el debate y la toma de decisiones en pro de la sostenibilidad.
Pero para poder unificar esos pensamientos, las corporaciones y autoridades necesitan mayor apoyo logístico y mejores herramientas, que les permitan incidir en la visión de los municipios y coordinar la toma de decisiones sobre el uso del suelo, con un ordenamiento territorial que realmente beneficie a la gran mayoría, con el que los ciudadanos se sientan realmente identificados y conectados con su territorio.
Según el Departamento Nacional de Planeación (DNP), los planes de Ordenamiento Territorial (POT) de nuestras ciudades presentan grandes debilidades en su formulación, un ejemplo de esto es que, a finales del año 2018, el 97% de la formulación de estos planes no incluye estrategias y programas para desarrollar el componente rural, por lo tanto, se requiere un enfoque integral, en forma conjunta de todo nuestro territorio, otro ejemplo son las cifras dadas la semana pasada por el Dane, en las que se vislumbra un envejecimiento de nuestra población, encabezando esa lista el Quindío como el departamento con el mayor índice de envejecimiento, por cada 100 jóvenes de entre 0 y 15 años, hay 72,2 personas mayores de 65 años, para quienes debemos preparar nuestras ciudades, se requiere implementar una planificación territorial con un enfoque integral y sostenible que permita el crecimiento de nuestras ciudades y de las zonas ambientales y nuestra población de forma conjunta.
La labor será unir al sector público y al privado, con intervenciones multidisciplinarias y herramientas que nos permitan encontrar la luz en temas como movilidad, sobrepoblación, falta de terrenos para construcción, enfocados en buscar la sostenibilidad ambiental y de nuestra gente, con herramientas para planificar y gestionar el territorio, buscando identificar las oportunidades, limitaciones, tendencias y así propiciar una nueva cultura del territorio con acciones concretas de forma sostenible, viable y eficiente a largo plazo, donde todos tengamos nuestro espacio, vivamos seguros, tranquilos y en armonía.
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