Mauricio Pava Lugo


En la publicación sobre firmas de abogados, la revista Dinero nos pidió una crónica sobre cómo se practicaba la profesión por fuera de las grandes ciudades, un artículo que se llamaría Un clásico de la provincia. Como tantas cosas, esperando un mejor mañana, estas notas se fueron postergando, el inexorable reloj de la vida se detuvo hace un año; no permitió que el encargado de escribirlas terminara. Vale la pena retomarlas, para recordarlo, también para reflexionar en nuestra justicia, y los catastróficos momentos que ha vivido, los que no corregirá, si no vuelven a ella, grandes, pero modestos, probos y anónimos hombres, como él. Que sea la justicia la protagonista y no quienes la administran diría el profesor Ariel Ortiz Correa. El decano del derecho penal de Manizales, como también se le reconoció al final. Nos dejó un gran legado que captó José Fernando Reyes en su funeral: “No conoció la mezquindad; detestaba el chisme y la conseja; y no permitía que, a su alrededor, se hablase mal de nadie. Nos harás falta, maestro, en estos tiempos de sempiternas envidias, de gente rica de apariencia y de expertos en un sartal de naderías”.
Al final, en tanto crónica, el documento iba a mostrar la relación de un par de amigos, compañeros, del profesor-alumno. Además, pretendía destacar esa justicia de otros tiempos, para recordar que, si ella era de hombres decentes, pocas reformas requería. Con el ánimo de que el público no se quede sin conocer lo que había adelantado de aquella crónica reproducimos los apartados del texto que rescatamos de sus archivos: “Nunca he aceptado el dicho que “todo tiempo pasado fue mejor”. Trataré de hacer memoria -afortunadamente, dizque, nos funciona mejor que para el presente- de la vida judicial de Caldas desde hace ya 48 años. Me gradué de Abogado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Caldas -tanto la quiero, tanto le debo- en 1968. Empecé a ejercer con el apoyo de mi, siempre maestro, Jaime Chávez Echeverri en 1969. Y afirmo que, en ese entonces, era más fácil sobresalir porque éramos menos los abogados. Eso es verdad en parte; nuestra promoción era de 20. Recuerdo a José Fernando Escobar Escobar, Virgilio Muñoz, Dora López, Humberto de la Calle Lombana, quienes, rápidamente se convirtieron en faros de juridicidad. Igualmente, nos preocupó hacernos presentes entre lumbreras del derecho penal como Jaime Chávez Echeverri, César Montoya Ocampo, Adolfo Vélez Echeverri, Luis Carlos Giraldo Marín, tratadista, ex-ministro y corredactor del código penal de 1960. Con estos referentes, más bien, resultó duro, difícil, sobresalir; pero, con tesón, mucho estudio, decisión, se consigue pararse en el podio al lado de los grandes. En 48 años, he sido testigo y actor de mi adorado derecho penal. Mucho podría escribir. (…) Pero vamos a la época actual; definitivamente, en cada época, triunfan quienes tienen conciencia de que la suerte no es valor del hombre, si no de su decisión de ser, de triunfar. (…) Tenía mi oficina en el edificio Guacaica; por aquella época, no se estilaba llevar, a la oficina, estudiantes para que empezaran a adentrarse en el ejercicio del derecho penal. Mi siempre preciado y admirado ex-alumno José Fernando Ortega Cortez había traído como colaborador a un estudiante. Como fuera nombrado procurador delegado, debía cerrar la oficina (…) Entonces me llamó y dijo: “Tengo, en la oficina, un muchacho (…) Quisiera que usted lo recibiera en la suya.” Es así como se da inicio a una gran amistad. (…) No recuerdo cuánto tiempo ese muchacho estuvo en la oficina, pero mostró que tenía ganas y decisión (…) “Me quiero ir para Bogotá (…) Recuerdo que lo felicité con la hipocresía propia de quien sabe que ha perdido su mano derecha; le deseé éxitos y le di una nota, entre otras, dirigida al ex-magistrado de la Corte Suprema de Justicia Edgar Saavedra Rojas, entrañable amigo (…)”. Para muchos, el principio de mucho empezó y pervive con el profesor Ariel. Como lo diría José Fernando Reyes “(…) él iba, por ahí, desplegando lecciones; mostrando caminos; enderezando nuestras vidas (…) Su generosidad, sin límites: tanto con sus enseñanzas, como sus abrazos”.
Hoy es una fantasía como se vivía la justicia en sus tiempos. En su oficina, no se les tomaba sello de recibido a los escritos que se presentaban en las secretarías de los juzgados “como por qué creen que vamos a desconfiar de ustedes”, decía él.
Alguna vez, en un gran caso de homicidio en Caldas, la Fiscalía archivó el proceso, sin que la contraparte pudiera enterarse de lo que sucedía. Fue incapaz de vencer así; pidió permiso a sus clientes, y llamó a su colega para que supiera que estaba perdiendo el caso y pudiera presentarse, y recurrir: “Que la justicia le dé la razón al que la tenga, no al que pueda”. Tanta dificultad le dio, cuando, con el sistema acusatorio, los entrenadores del modelo, le decían a defensores y fiscales, que debían ver a su contradictor como enemigos, que debían esconderse las pruebas para el final, que se provocaran los errores del adversario, para ganar. Pues cómo ver cual enemigos a fiscales como López Jiménez (q.p.d.), Luz María Villa, Mauricio Quintero, Mario Montes, y tantos más, si concluidas las audiencias, nos íbamos, con los jueces y magistrados, a La Cigarra a hablar de las últimas jurisprudencias, o del libro importado por César Augusto López, o -simplemente- de la vida. Nunca hablamos de los litigios que tuviéramos en la mesa porque esa fue otra regla de oro: “Mauricio, los casos se hablan en los despachos”. Sin duda, una justicia de otro tiempo ¿Qué si hubo dificultades? Claro que sí, pero no como hoy, que cuando menos le falta humanidad. Confiemos que sea un nuevo amanecer, con alumnos del profesor Ariel en Cortes, Tribunales, Juzgados, administrando, litigando justicia, para inmortalizar el legado del decano del derecho penal.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015