Luis Prieto


El autor de esta columna recientemente tuvo la deferencia de ser un alumno único durante más de una tarde con dos excepcionales profesores el Dr. Óscar Paredes Zapata, director del Servicio Geológico Colombiano y la doctora Gloria Prieto, directora de Recursos Minerales. Ambos al servicio de una importante institución científica denominada Servicio Geológico Colombiano, que el año pasado cumplió cien años de existencia.
El Dr. Paredes, su director general, es un connotado profesional con una larga experiencia en varias actividades nacionales de su género y en el sector financiero.
La Dra. Prieto, graduada como ingeniera química, tiene en su haber varias especialidades en universidades europeas, especialmente alemanas. Hoy tiene una de las mayores responsabilidades de este conjunto científico.
Este Centro es importante para conocer la geología nacional, por encima y por debajo, pero desgraciadamente es poco conocido. Apreciado solo por universidades que tienen esta cátedra y por científicos que la han estudiado y dedicado su vida profesional a la investigación de esta ciencia.
El suelo colombiano es propicio a movimientos telúricos de diferente intensidad, según la zona de las varias de un todo nacional, ya muy bien estudiado durante muchos años de los cien vividos, por esta institución.
Si los que se dedican a la construcción, o los que en el pasado fueron fundadores de pueblos, hubieran conocido lo que ya tiene detectado este Servicio Geológico, muy diferente sería el reparto construido en el área nacional. Todo está expresado en una serie de mapas que cubren el país, calificando el territorio con colores que van desde los más tenues, hasta un rojo encendido que indica la mayor actividad sísmica. Producto de la colisión de dos placas en el interior del suelo, también responsable de la rugosidad de la superficie terrestre, expresada en las cordilleras y montañas hoy existentes.
Por ejemplo, el área territorial donde está construida Manizales tiene en el mapa correspondiente un color acercándose al verde, lo cual indica tranquilidad, pero no total.
Los estudios e investigaciones del Servicio Geológico, como comandante de estos procesos, expresados en mapas con indicaciones coloreadas dan lugar a avalúos y diferencias bien calificadas. También se puede apreciar la peligrosidad que deberían tener en cuenta el gobierno y en especial los empresarios de la construcción.
Pero además de estos hechos allí resaltados, el Servicio Geológico ha producido algo que quizá es mucho más importante.
En esta columna se quiere expresar en cortas palabras, como lo exige el público lector, la versión del Atlas Geoquímico, asesorado por la unidad de investigación de Depósitos Minerales de la Universidad British Columbia (UBC) de Canadá. Se trata de construir un mapa que indique la existencia de minerales de toda clase, a lo largo y ancho del país. Esto usando una técnica especial, como es la investigación con aviones que recorren todo el contorno nacional, a una altura aproximada de 100 metros y vuelos separados entre 500 y 1.000 metros, fotografiando todo el recorrido. Con procedimientos fundamentados en las versiones aéreas, se ha podido construir también el mapa coloreado, que distingue en este caso, la existencia de minerales en forma tal, que su uso debería ser de un aprecio fundamental, tanto del gobierno y los particulares interesados en la minería.
La minería colombiana, exceptuando la técnica que hoy aplican las compañías de carbón calórico, localizado en el sector Caribe, y también el níquel, que ha sido explotado desde hace ya muchos años, han respetado las leyes de estricto control. El resto está constituido por una lluvia de explotaciones ilegales, que sin ley alguna que los controle, están amenazando a pueblos y ciudades por efectos de sus residuos.
Esta ilegalidad proviene también de bandas que han acumulado riquezas, asolando los lugares de donde se han desplazado.
Los gobiernos han debido construir una especie de código minero, mediante el cual se establecen normas desde el uso de las primíparas bateas, hasta las dragas más sofisticadas en forma escalada.
Quién creyera que Colombia tiene en su seno potenciales de minerales de un valor infinito.
Los gobiernos poco se han acercado a este mundo tecnológico, que podría enriquecer las arcas fiscales, los presupuestos municipales y utilidades empresariales.
Es urgente que el gobierno que venga, se dé cuenta que hoy Colombia ignora una riqueza que está debajo de sus pies.
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