Luis Ospina


En una comunicación que algunos empresarios y gremios colombianos le enviaron al presidente Iván Duque respaldaban sus medidas, así como les agradecían a los trabajadores sus esfuerzos por mantener en marcha el aparato productivo. Dijeron estar muy comprometidos con la construcción del país: “… tenemos frente a nosotros el imperativo moral de asumir colectivamente la lucha por la supervivencia como propósito nacional.” Se trata, expresaron en su comunicado de “un esfuerzo supremo de responsabilidad social y solidaridad por salvar a Colombia.” Así debe ser. Y no sólo ellos. El esfuerzo debe ser de todos, unidos para enfrentar este gravísimo problema de salud pública, acatando las medidas del Gobierno y de los gobiernos territoriales gobiernos, como lo está haciendo la mayoría de los ciudadanos.
Pero yo quisiera que los empresarios y los gremios no solo pensaran en sus empresas y sus trabajadores. No deben olvidar que buena parte del aparato productivo de este país estará integrado por quienes hoy son estudiantes universitarios. Cientos de ellos también la están pasando muy mal. La pandemia ha afectado considerablemente sus estudios universitarios. Según datos de la Unesco hay, por lo menos, mil 370 millones de estudiantes en 138 países, cerca del 80% de la población estudiantil en el mundo, que han visto su educación en jaque; sin dejar de mencionar los casi 60 millones de profesores también afectados por este mismo motivo. En América Latina, la cifra es cercana a los 160 millones, poco más del 90% de los discentes, incluidos los universitarios, que sufren los efectos de la pandemia.
Que empresarios y gremios de Manizales tampoco olviden que nuestra ciudad cuenta con una población estudiantil universitaria aproximada de 45 mil, de los cuales un 35% proviene de otras regiones; más unos cinco mil profesores. Deben saber, además, que directivos, administrativos y profesores que integran el Sistema Universitario de Manizales, Suma –otras instituciones de educación superior también lo hacen, sin dejar de mencionar a los colegios– están haciendo todos los esfuerzos económicos, financieros y tecnológicos para mantener abiertas y activas a las universidades. Hoy, las universidades están en las casas. Y los colegios también.
No obstante, estos esfuerzos son insuficientes. Los estudiantes, y muy especialmente los de las universidades públicas, no cuentan con los suficientes recursos tecnológicos. Y aunque la Ministra de las Tics, Sylvia Constaín haya dicho, con algo de sarcasmo, que no se puede decretar la conectividad, y aunque también haya dicho que se cuenta con la herramienta Aprender digital que dispone de unos 80 mil contenidos, al parecer, una de las más completas de América Latina, lo cierto es que en Colombia más de dos millones de estudiantes no cuentan con estas herramientas, ni tienen el acceso necesario a las plataformas digitales. Así les es muy difícil a las universidades continuar respondiendo por una educación de alta calidad.
Y lo que tampoco deben olvidar los empresarios es que son egresados de las universidades; y creo que justamente por esto, también tienen un deber moral con los estudiantes de las universidades. Este deber moral y político debe materializarse contribuyendo con la consecución de computadores, tabletas, celulares, pero sobre todo, gestionando los recursos necesarios para que los estudiantes y la población de escasos ingresos, tengan conectividad. El acceso a la internet es un derecho fundamental. Este derecho se materializa sólo si los ciudadanos pueden contar con los dispositivos tecnológicos y hay conectividad.
Como egresado de la Universidad de Caldas y miembro de su Consejo Superior, les hago un llamado a los egresados empresarios para que no olviden que el aparato productivo que defienden, con justa razón, será sostenible si –y sólo sí– se cuida la educación de los estudiantes. De lo contrario, no sólo la pandemia los pondrá en jaque.
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