Luis Guillermo Arango


El sábado por la mañana amaneció muy nublado, porque había llovido con intensidad toda la noche y por consiguiente la vegetación y el suelo estaban muy húmedos. Solamente por ahí a las 10:00 de la mañana vino a aparecer el sol y lo hizo con plena intensidad localizado casi en línea vertical con nuestra vivienda. Calentó con fuerza y el cielo empezó a despejarse hasta quedar de un azul intenso, casi perfecto. Nosotros nos pusimos a contemplar el panorama y a hablar de lo fuerte del invierno y de los daños severos que ha ocasionado en zonas lejanas bañadas por ríos y quebradas, en donde las inundaciones se han llevado las viviendas de pescadores y de agricultores que las construyeron muy cerca de esas corrientes, pero no sólo a orillas de los ríos el invierno ha sido severo y dañino. En las carreteras del departamento y de la nación han sido múltiples los derrumbes y los taponamientos.
Nosotros desde el corredor de la vivienda, nos dedicamos a mirar el cebadero de pájaros que tenemos al frente y al cual le aportamos casi a diario, dos o tres plátanos maduros, con el fin de atraer las especies propias de la zona tropical y nos dedicamos a observar el comportamiento dominante de un pájaro que normalmente construye sus nidos en los barrancos y de ahí su nombre común de pájaro barranquero o barranquillo, con una figura majestuosa e imponente de un color verde oscuro casi brillante, con una cabeza siempre levantada y altiva, en donde sobresale una mancha amarilla como si fuera una corona; un mechón azul y un pico de tamaño medio, pero de apariencia fuerte. Lo más llamativo del ave, es su cola larga, terminada en dos plumajes de color muy especial, que asemejan a la cola elegante de un vestido de novia o tal vez a una cola de un frac.
Como durante la húmeda mañana, no les colocamos los plátanos para su alimentación porque la lluvia no se prestaba para hacerlo, solo por la tarde, tipo 4:00, y cuando el cielo estaba despejado nos apresuramos a llevarle sus ración no solo al barranquero sino a los azulejos, a los toches y a la mirla pantanera, pero colocándolos en lugares diferentes al trono. Parece que estaban extrañando la falta de comida, porque fueron acudiendo graniaítos y muy precavidos, como si sospecharan que ese cebo tenía otras intenciones. En ese mismo instante y con un volumen considerable se fue viendo como una nube enorme de color oscuro, de esas que son señales de lluvia próxima, se fue desplazando desde el sur, y tratando de tapar los rayos del sol desde el occidente y simultáneamente por el oriente se formó a los lejos una nube mas clara de color gris, señal del aguacero. Nos causó sorpresa que el cielo se encapotara así tan de repente y que las nueves negras se desplazaran más o menos rápido, como si algo las impulsara desde atrás. Precisamente mirando esas nubes, llamadas tal vez cúmulos, por los magos de la climatología, nos pusimos a interpretar las formas que toman y curiosamente nos percatamos que eran como una serie de líneas largas, con una cola atrás, parecida como a un penacho de una escoba. Eran varias las figuras y fueron muchas las elucubraciones y los conceptos que expresamos sobre esas formas curiosas en las nubes negras que llegaron a tapar completamente los rayos del sol, quedando el ambiente ligeramente opaco, con el fondo en el cielo de color más oscuro. Mirando hacia el oriente distinguíamos la cortina de lluvia que se aproximaba. Iban a ser las 5:00 de la tarde, cuando vimos a los lejos, en dirección al sur, un relámpago. Pero lejos, muy lejos.
De pronto el barranquero, que estaba muy apurado en el consumo del plátano, levantó la cabeza, estiró su cola, abriendo sus dos penachos y levantando un poco las plumas de la cabeza y se quedó en una pose como para fotografía. Lo mismo hicieron, un poco más alejados, pero sobre el cerco, los dos azulejos que consumían el otro plátano y un poco más alejada la mirla pantanera levantó la cabeza y estiró la cola, quedando como una sílfide o como una bailarina de ballet, con su traje negro y sus coloreadas patas largas, como adorno. A nosotros esta actitud de las aves nos sorprendió y pensamos que tal vez, era una actitud de precaución por la presencia de algún gato en el contorno o de un halcón cazador que rondaban por el sitio de alimentación.
En un dos por tres el aguacero llegó con intensidad. Las nubes negras se revolcaron. Todas las aves alzaron vuelo y escuchamos, a lo lejos un ruido, casi un estruendo como si un árbol se cayera y arrastrara tras de sí todo el barranco y de la tierra emanaba un vapor casi de color azul y de un olor penetrante como si fuera azufre.
Nos entramos a la vivienda y esperamos una noche tormentosa, con lluvia, viento y hasta rayos y truenos. Era sábado, 31 de octubre, en la vereda Pueblo Hondo, precisamente el día o la noche de las brujas.
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