Luis Carlos Velásquez Cardona


El vehículo de movilidad social más rápido, efectivo, redistributivo del ingreso, e impulsador del desarrollo económico de las naciones, sin duda alguna, es la educación, especialmente la Superior. Los países más avanzados del mundo son aquellos que han logrado un alto nivel educativo.
Cada vez se requiere un menor período de tiempo para lograr los avances tecnológicos que la mente del hombre crea. Un ejemplo, la primera revolución industrial se inició hacia 1760, con la aparición de la máquina de vapor, y concluyó hacia 1830, lo que le permitió pasar de una economía netamente agrícola, con producción manual, a una mecanizada. En este período se vivió el mayor conjunto de transformaciones sociales, económicas, tecnológicas de la historia de la humanidad desde el neolítico, o sea la edad de piedra. Un segundo ejemplo es Japón que, en menos de 50 años, gracias a la educación, pasó de ser un país devastado por una bomba atómica a uno de los de más alto desarrollo tecnológico.
Soy fruto, y lo reconozco con mucho orgullo, de la educación pública, en sus tres niveles. Y si hoy, el hijo de una cogedora de café de Palestina, ostenta el cargo de gobernador, se lo debo a que tuve la fortuna de poder estudiar, arquitectura, en la Universidad Nacional de Colombia, Sede Manizales.
Ahora que recorro de manera permanente los pueblos de Caldas, que me entero de forma directa de sus dolencias y necesidades, veo, con mayor claridad, que la única forma que tenemos para dar el gran salto industrial y tecnológico, desde la periferia hacia el centro, es llevando la universidad a todos los rincones de Caldas y permitiendo, preferentemente, que los bachilleres de las veredas y de los resguardos indígenas tengan acceso al sueño de ser profesionales, pero, ojalá, profesionales para el campo, no para la ciudad.
Si tenemos alguna ventaja comparativa con otras regiones del país, lo somos por la agricultura. Y esa fortaleza se la debemos al café que nos marcó una ruta, nos dejó una experiencia y demostró que el campo sí podía ser generador de riqueza. Ahora, las condiciones se están dando para que el aguacate Hass sea el factor que impulse un nuevo salto económico. Somos el segundo departamento exportador, después de Antioquia, de esta fruta.
La semana pasada obtuve una de las mayores alegrías en estos siete meses que llevo frente a los destinos del departamento: la entrega de un cheque de 400 millones de pesos a la Universidad de Caldas para mitigar el pago de las matrículas de los estudiantes de los estratos 1, 2, 3 y 4, en un alivio % del 100, 42,3 y 15 respectivamente, para todos los programas académicos del año 2020 y así garantizar, ante la difícil situación creada por el covid-19, que la deserción sea mínima. El proyecto de financiación de las matrículas tiene un valor de 1.368 millones, de los cuales el Ministerio de Educación aportó 863, nosotros 400, para un total de 1.263 millones, con los que se beneficiarán 3.300 jóvenes universitarios, no solo de Caldas, sino también de otros departamentos. No había porque hacer discriminaciones.
La cobertura de educación superior en el Departamento de Caldas, pese a los esfuerzos que se han venido haciendo, sigue siendo baja. En el 2008 había una cobertura del 29,7%, logrando pasar a un 56,5%, en el año 2017. Esta cifra revela que el 43,5% de jóvenes caldenses siguen sin acceso a la educación superior.
Le quiero decir a Sara Manuela Ocampo Londoño, del resguardo indígena de La Montaña, de Riosucio, estudiante de tercer semestre del CERES de la Universidad de Caldas en este municipio, quien dio una sentida declaración de gratitud por un medio radial, que la mejor forma que ella tiene para agradecer el esfuerzo que hemos hecho es que practique la frase de Voltaire, quien decía: “Educar no es llenar un recipiente: educar es encender un fuego”. Que el fuego de Sara y de 3.300 estudiantes más sea el sueño de alcanzar un título universitario para que, desde los diferentes y alejados rincones de Caldas, ellos entren rápidamente a trabajar bajo los parámetros de la IV revolución industrial, porque en la medida que adquieran un conocimiento crítico, profundo, de calidad y con competencias, no podrán ser desplazados por la inteligencia artificial de los robots.
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