Juan Camilo Arroyave


Seré claro y directo con el contenido de esta columna. Guardo un profundo respeto y admiración por la libertad de prensa como una máxima de las democracias, que promuevo en diferentes espacios de los que hago parte. Sin embargo, si bien hay crisis en cuanto a la credibilidad hacia los medios de comunicación, la alternativa para informarnos no deberían ser otros tipos de medios que, impulsados por el furor de las redes sociales, desinforman y orientan sus contenidos según sus intereses.
El debate que aquí planteo puede ser amplio y seguramente salpica a medios de comunicación que históricamente han estado presentes en el devenir de nuestra sociedad, de ahí mi planteamiento que señala las críticas de los ciudadanos al trabajo de estos. No obstante, ante la necesidad de información, la única alternativa no pueden ser espacios que se configuran a través de perfiles o páginas en redes sociales que, de manera hábil y contrastando sus contenidos con videos virales o fotos de paisajes y monumentos históricos, incluyen dentro de su parrilla publicaciones orientadas a atacar a sus contendores políticos, a presentar verdades a medias o a apoyar a la administración de turno.
Por otro lado, sería irresponsable desconocer el trabajo de muchos medios independientes y alternativos que han crecido en el ecosistema de Internet y las redes sociales y promueven un periodismo crítico y determinante para la sociedad. Ahí sí hay criterio y un nivel alto de responsabilidad.
Muy seguramente este fenómeno de la desinformación tiende a incrementarse en vísperas de elecciones. Hace mucho, quizás siglos, se mencionó que la política tuvo un divorcio con la ética. Así mismo, se asemejó la pugna por el poder (la política) con la guerra, en palabras del pensador Carl von Clausewitz. El asunto aquí es que, en ese devenir doloroso que cada día socaba la confianza y la percepción de los ciudadanos hacia la política, no puede sacrificarse la credibilidad de quienes cumplen la importante labor de comunicar.
En algunos análisis recientes que he realizado para esta casa editorial que este año sumó 100 años de trabajo por la región, he manifestado la necesidad de avanzar en procesos que fortalezcan las culturas políticas locales y regionales. Parte de este reto consiste en trabajar por generar mayor confianza por parte de los ciudadanos hacia sus instituciones y viceversa. Esto es una tarea colectiva. Propongo no caer en el lugar común de culpar a la clase política de todos los males que nos agobian como sociedad. El sector privado, el tercer sector, las universidades e incluso los medios de comunicación juegan un papel fundamental al momento de recuperar (si se quiere llamar así) la credibilidad hacia este tipo de instituciones.
Si después de leer estas líneas usted se pregunta cuál es mi intención con esta columna, le puedo ayudar respondiendo su pregunta: invitar a los ciudadanos a NO caer en noticias falsas o verdades a medias que se publican en las redes sociales. Recomiendo tratar de contrastar la información con un medio de trayectoria y despejar las dudas. Eso es todo.
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