Juan Camilo Arroyave


Es la pregunta que seguramente muchos colombianos se deben estar haciendo hoy. Y es que Colombia, si bien es un país de insatisfacciones y de profundas problemáticas sociales, no se ha caracterizado por mantener largos periodos de tiempo de protestas y manifestaciones sociales. Al respecto, revisar las condiciones y las garantías de los movimientos sociales en el país permitirá entender mejor esto.
Para explorar el futuro, revisemos 2 ejemplos que sirven para ilustrar la situación: Colombia y Chile en 2019.
Los hechos acontecidos en noviembre de 2019 son el referente más cercano que tiene Colombia, sin perder de vista que, entre esa coyuntura y la presente, la llegada de la pandemia llevó al país al encierro constante y a congelar las interacciones sociales en todas sus expresiones. Hoy estamos evidenciando la insatisfacción que en ese mencionado noviembre no quedó resuelta y por el contrario permitió terminar de abrir las heridas de la Colombia profunda: La brecha social existente, la falta de oportunidades para las nuevas generaciones y la debilidad institucional encabezada por gobernantes desconectados con el sentir de la ciudadanía y una clase política llena de privilegios y comodidades.
Nuestra nación lleva cerca de 70 años tratando de resolver los conflictos heredados de un imperfecto proceso de independencia que data del siglo XIX, en el cual la posesión de la tierra y el poder político quedó en manos, y aún permanece, de unos cuantos.
En ese contexto, Colombia ajusta más de 2 semanas consecutivas de protesta social, donde situaciones como la represión policial, el bloqueo al transporte de mercancías y la movilidad terrestre y la confluencia de diferentes sectores políticos, económicos y culturales anuncian que el cese de las movilizaciones y la protesta aún está lejos de ser alcanzado.
Por su parte, Chile también vivió su momento de manifestaciones en 2019, iniciando en octubre y bajando su intensidad a inicios de 2020 con la concreción de algunos acuerdos de tipo político y social que abrirían la puerta a una posible nueva Constitución Política. Represión policial, asesinatos y paralización de ciudades fueron algunos de los efectos que vivió el país austral en ese entonces, justificados en una profunda insatisfacción política y social, que revivió los tiempos más difíciles de los gobiernos de los años 70 y 80.
Así las cosas, propongo 3 aspectos como fundamentales para entender el (presente y) futuro de la protesta social en Colombia (y seguramente explican, en cierta medida, este fenómeno que no es exclusivo de nuestro país):
1. Activar una verdadera gobernanza: La cual consiste en la capacidad de convocatoria y de interlocución del Gobierno Nacional con los movimientos sociales y demás grupos de interés que lideran la protesta hoy. Un escenario de diálogo fluido, sincero y concreto permitirá sentar las bases de las soluciones a esta coyuntura y otras futuras.
2. Reconocer las nuevas ciudadanías: Si bien se ha identificado un Comité del Paro, es más que claro que las denominadas primeras líneas y el movimiento estudiantil ha sido protagónico en esta protesta social. Además de estar conformado por población juvenil, el rol de la conectividad (o hiperconectividad) y la difusión de contenidos en las redes sociales han sido determinantes para promover su mensaje, ganar adeptos y visibilizar su lucha. Ciudadanos 2.0.
3. Sentar las bases de una Agenda de Transformación Social: Que reúne todas las reivindicaciones y expresiones que se han sumado a la protesta social que vive hoy Colombia. Educación, salud, justicia, participación política, empleo y reducción de brechas son las transformaciones sociales que hoy pide Colombia, soportado esto en encuestas que afirman que más del 70% de la población está de acuerdo con el paro. Nada diferente a lo que quedó consignado en el Acuerdo de Paz firmado con la extinta guerrilla de las Farc.
Concretándose estos 3 aspectos o escenarios, podríamos hablar de un punto de partida para resolver parte de la problemática social que afronta el país y bajar la tensión que se vive hoy en las calles de Colombia.
Lo cierto del caso es que hoy contamos con ciudadanías más activas que reclaman transformaciones reales y mayor compromiso por parte de sus gobernantes. En otras palabras, hoy Colombia está sentando las bases de una verdadera democracia participativa, gústenos o no.
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