Jaime Enrique Sanz Álvarez


Han marchado muchos, no millones como afirma un articulista del “Tiempo” cuando se queja de que alguien los llame vagos, no tantos, pero sí muchos y si bien no todos son vagos, de que los hay los hay, pero ¿por qué marcharon? Una articulista del diario “LA PATRIA” (24/11/2019) confiesa que marchó contra Duque y el partido que lo apoya, así literal, y así muchos que no votaron por él y le acusan de no cumplir el acuerdo de paz con las Farc cuando este se viene cumpliendo a cabalidad aún en aquellos asuntos con los que no estuvimos de acuerdo los que votamos No en el plebiscito, pues la JEP viene funcionando cabalmente otorgando impunidad incluso para los delitos de lesa humanidad y, todos aquellos otros asuntos atinentes a los guerrilleros de a pie, como lo señala y reitera a diario el funcionario a cargo Emilio Archila se cumplen a cabalidad.
Como en la canción de Piero… pasa una señora que dice tener 71 años y viene a colaborar… pasa un padre con su hijo y un cartel en donde se lee: “Por un futuro mejor para mi hijo” como para que marchemos todos los padres; pasa otro con un escrito por el que reclama: “Aprueben la consulta anticorrupción RATAS”, esto es, contra el Congreso, no por el apelativo sino porque es allí donde se debate, pasa otro con un nuevo mensaje: “Por la sanidad mental en Colombia”, traía otro agregado pero con mirar lo que estaba ocurriendo es suficiente, si se le agrega otro muy significativo: “Latinoamérica combatiente en pie de lucha”.
Contra una supuesta reforma laboral y pensional marchan las Centrales de Trabajadores, cuyos representantes son privilegiados y no los representan a todos; marchan los universitarios pidiendo más atención, cuando la educación acaba de recibir un aumento de 4,1 billones, de ellos 1,8 para las universidades, para un total de 44,5 billones la más alta asignación de toda la historia. Cada día se agregan más peticiones…que se elimine el Esmad cuando este no está presente en las marchas pacíficas, como lo dice su nombre, solo se presentan cuando hay disturbios, resulta contradictorio que quienes dicen marchar pacíficamente soliciten se elimine su presencia. También se agregan a la marcha quienes pretenden dañar el gobierno o con lo acontecido en países vecinos ponerlo contra las cuerdas. No fue el caso, pues quien quiso apropiárselas recibió un rechazo popular. Sin embargo, frente al diálogo nacional ofrecido por el presidente Duque pretenden que se negocie con los promotores como únicos contradictores. Negociar implica dos partes, el presidente elegido en votación mayoritaria por el pueblo tiene su representación ¿A quiénes representan los convocantes? ¿Al 1% que marchó, también a quienes no marchamos? A quienes asumen la facultad de negociadores les falta legitimación.
Por lo pronto nosotros tenemos una Constitución y unas leyes y, si se requieren cambios debe actuarse dentro de esa legalidad. Se debe respetar el derecho a la protesta pacífica y los acuerdos deben ser el resultado del diálogo pacífico, pero exigir que el diálogo sea solo con ellos no es un despropósito, son dos despropósitos, de una parte asumir que representan al pueblo colombiano cuando son algo así como el 1% e imponer los términos y condiciones es pasar por alto nuestras instituciones, especialmente el Congreso.
A propósito de las marchas pacíficas, colocar los contenedores de basura como barreras y luego quemarlos, acabar con las estaciones de Transmilenio y obligar a miles de usuarios a caminar por horas es violencia, como lo es también golpear una y otra vez a los agentes de la policía, sin olvidar que al menos en 366 veces se les fue la mano, no es protesta es alzamiento. ¿Qué piden los encapuchados que lanzan piedras, papasbomba, trastornan la movilidad de empleados, golpean a la policía e impiden trabajar o ejercer el comercio? Protestar es manifestar un ánimo contrario a un hecho, cosa o propuesta, incluso a una forma de gobernar, la pueden ejercer unos pocos o muchos, pero por sí misma no hace el cambio, el diálogo sí, la negociación también, pero aun cuando parezca redundante decirlo, quien se enmascara para agredir es un delincuente.
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