Jaime Enrique Sanz Álvarez


Con ocasión del covid-19 alguien tuvo la idea de señalar cómo la generación denominada 2020 (o Z, o Millennials) quedó marcada, de entrada, con el atentado violento que destruyó las torres gemelas de Nueva York (09/11/2001) y ahora con la lucha contra la pandemia del coronavirus (no dijo nada del internet, los adelantos tecnológicos como las impresoras 3D, ni el transporte y las comunicaciones), pobres… y lo que les espera. A los nacidos en la que ahora llaman la generación silenciosa (1938-1948) nos recibieron con la segunda guerra mundial (60 a 100 millones de muertos) y sus consecuencias. Luego el 9 de abril, el recrudecimiento de la violencia interpartidista, el golpe de Estado de 1953 y en el interregno y después: tifo, disentería, paludismo, tuberculosis, chikunguña, zica, viruela y sida, acompañados de sanidad precaria y vacunas escasas y dolorosas. Después de un corto período de paz, la violencia de las guerrillas, el terremoto del Ruiz, la desaparición de Armero, los daños del Eje Cafetero y la reconstrucción de Armenia; el narcotráfico y el narcoterrorismo, el transporte deficiente y malas cuando no nulas carreteras intermunicipales, y el transporte aéreo cuando al fin lo tuvimos escaso y, el atentado de las torres y el covid -19. Qué pena con las nuevas generaciones.
“LA PATRIA” publicó la opinión de Rudolff Hommes acerca de la medida de aislamiento preventivo decretada por el gobierno para los mayores de 70 años, llamó mocosos al presidente y su gabinete y se quejó del tratamiento de “abuelitos”. Debo reconocer que cuando oí la noticia no me gustó su manifestación de “cuidar a los abuelitos” tal vez por el diminutivo; en ese momento no me tenía por mayor, para mí lo eran 5 amigos a quienes hace pocos meses les celebramos 80, el anuncio me puso en evidencia de que lo soy, lo acepté, mucho más cuando a los pocos días se publicaron las estadísticas sobre la mortalidad de los mayores de 70 (49%), no obstante que no somos mayoría en los infectados. La medida desde luego busca impedir la infección, la mortalidad la ponen los que incumplen el aislamiento.
A Hommes lo recuerdo de cuando fue ministro de Hacienda en el gobierno de Gaviria, cuando le fue impuesta una multa por una suma pequeña y en el Congreso refiriéndose a ella dijo que si fuera preciso la pagaría dos veces, me dejó la impresión de ser un gruñón, lo sigue siendo, solo que ahora es un viejo, o un abuelito gruñón. Resulta contradictorio, frente al tratamiento de mocosos que les dio al presidente y sus ministros que, para la época en que Hommes fue ministro tenía 47 años y el presidente Gaviria 43. Esas funciones, las de gobernar, las deben cumplir los jóvenes, ellos trabajan con visión de futuro, nosotros vivimos tiempo de descuento. Una curiosidad añadida, desde 1930 a 2020 ningún septuagenario ha gobernado en Colombia: Enrique Olaya 1930 - 50 años, Alfonso López P. 1934 y 42 - 50 y 58 años, Eduardo Santos 1938 - 50 años, Alberto Lleras 1945 - 39 años, Mariano Ospina 1946 - 46 años, Laureano Gómez 1950 - 61 años, Rojas Pinilla 1953 - 53 años, Alberto Lleras 1958 - 52 años, Guillermo L Valencia 1962 - 53 años, Carlos Lleras R. 1966 - 58 años, Misael Pastrana B. 1970 - 47 años, Alfonso López M. 1974 - 61 años, Julio C. Turbay 1978 - 62 años, Belisario Betancur 1982 - 59 años, Virgilio Barco 1986 - 55 años, César Gaviria 1990 - 43 años, Ernesto Samper 1994 - 44 años, Andrés Pastrana 1998 - 44 años, Álvaro Uribe 2002 y 2006 - 50 y 54 años, Juan Manuel Santos 2010 y 2014 - 59 y 63 años, a los que se agregan Iván Duque y sus ministros, por lo dicho en edad de merecer. Desde luego que a los mayores de 70 no nos está prohibido pensar, opinar y hasta mandar, podemos o pueden incluso formar partido, pero no les auguro mucho éxito si lo que pretenden es que no gobiernen los jóvenes, que mandan en su tiempo, como ya lo hicimos los adultos mayores, antes, cuando fuimos jóvenes.
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