Jaime Alzate


Comencemos por comentar lo que está pasando y lo que se le viene encima a nuestros vecinos bolivarianos después de las elecciones para constituyente del domingo pasado. Nunca lograremos conocer con certeza cuáles fueron los resultados reales de las urnas, cuando siguen apareciendo comentarios y revelaciones que dan cuenta de los monstruosos fraudes que se cometieron y que dieron como resultado un triunfo absolutamente increíble del castrochavismo.
Las cifras que ha dado "Porky el Maduro" rebasan en cualquier cantidad de votos los que hubiera podido llegar a poner en las urnas su gran jefe, el inefable Chávez.
Sin embargo, y esto lo reitero, hay un asunto que me ha tenido muy preocupado durante los tres largos meses en que los venecos han estado sometidos a una de las más violentas y largas represiones de que se tenga historia en Latinoamérica, y es que a pesar del valor que ha demostrado el pueblo poniéndose a pecho limpio contra las armas del gobierno, flota en el ambiente un manto de duda sobre cuál puede llegar a ser el vencedor en este fratricida enfrentamiento, pues no hay duda de que muchas veces las demostraciones de fuerza del gobierno sobrepasan el valor del pueblo.
No podemos olvidar que quien tiene las armas tiene el poder, y este es el caso patético que refleja una situación demasiado peligrosa para una ciudadanía cuya única defensa es su patriotismo.
No está claro el panorama, porque a pesar de que el mundo democrático ha comenzado a hacer fuertes pronunciamientos contra la represión, muy poco puede hacer para detener el baño de sangre. Pueden castigar en varias formas a los sátrapas, como congelándoles sus bienes, cancelándoles la visas o cerrando las embajadas diplomáticas, pero lo que nadie civilizado se atrevería a hacer sería invadir a sangre y fuego un territorio de nuestra órbita. Nadie, repito, lo haría y la reacción a una medida de esta magnitud sería un daño inmensamente mayor al que se pretenda solucionar.
Este dictadorzuelo de mala ley nos está saliendo más dañino de lo que imaginábamos, y ahora vemos con gran temor que las organizaciones más importantes del mundo, incluyendo la ONU y la Comunidad Europea, han sido incapaces de plantarlo y evitar que siga con sus groseras amenazas. Mientras tanto, el mundo sigue girando y una nación que es una de las más ricas del mundo, se muere de hambre.
Y en nuestra parroquia también hemos tenido algún movimiento telúrico con el nombramiento de Germán Cardona otra vez como Ministro de Transporte. Nos alegramos mucho, porque es un digno representante de los caldenses y, sin duda su labor en el primer período fue muy fructífera en el desarrollo de la infraestructura, que por años fue la peor de toda la región. Su próximo período será de solo un año, así que el tiempo no le va a alcanzar sino para dejarnos listo y financiado el aeropuerto de Palestina. Las demás obras, especialmente las autopistas, ya están marchando y esperamos que si no se atraviesa otro Odebretch, pronto veremos casi solucionado uno de los mayores problemas del país y que no hemos podido acabar ni a lomo de mula.
P.D.: Todo cuerpo sentado en un inodoro hará sonar el timbre de la puerta.
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