Jaime Alzate


No es nuevo decir que Colombia durante toda su historia, desde la conquista pasando por la colonia, atravesando la época republicana, y cayendo en el actual periodo que podríamos llamar moderno, son muy pocos los espacios en que hemos conocido una verdadera paz que nos haya permitido vivir siguiendo el ejemplo de tranquilidad que nos dan tantos países alrededor del mundo.
La violencia es un mal que nunca podrá ser erradicado totalmente por la raza humana, pero nos quedamos aterrados con las reacciones de nuestro pueblo y, desafortunadamente, es muy poco lo que hacemos para ayudarnos entre nosotros mismos a controlar los espíritus violentos.
Fijémonos con cuidado en la situación actual, cuando nos encontramos próximos a iniciar una etapa electoral, que aún está algo verde, y sin embargo ya vemos con temor los agarrones en que estamos metidos, que solo auguran fuertes tempestades olvidándonos de la historia reciente de enfrentamientos crueles, cuyos resultados dejan una estela de sangre, horror y lágrimas.
Aquí sí es cierto que se puede decir que no hay nadie inocente y que todos somos responsables de nuestras propias desgracias, pero si me pusieran a dar unos conceptos sin mayores preferencias no dudaría, y creo que conmigo la inmensa mayoría de colombianos, de calificar como los mayores responsables a las bandas de asesinos que durante tantos años nos han castigado con los peores tormentos fratricidas. Después, haría una selección de una parte de la clase política, quienes, por llevarlo en la sangre nos han dejado de herencia una secuela de intranquilidad que tanto ha ayudado a nuestra incertidumbre. Dejo en claro que pienso que la mayoría de los políticos son personas que se la juegan para ayudar a mejorar esta situación, pero también, para nuestra mala suerte, hay una minoría de ambiciosos deshonestos compuesta por los que están metidos en esta profesión, que debería ser la más honrosa de nuestra vida civil, pero que por el contrario, ha demostrado que su ambición de poder nos tiene en la situación que padecemos.
Pero lo más aberrante, y lo que nos hace estremecer, es la podredumbre que, con rechazo, vemos aflorar del Poder Judicial. Ya está en la cárcel un grupo de los más importantes jueces, y otra buena cantidad está ad portas de dar con sus huesos en las mazmorras, lo que bien merecido se tienen.
Es tan grave lo que está pasando con los bandidos de cuello blanco, que los mismos ladronzuelos de la calle han pasado a segundo puesto y su mal prestigio se ha visto deteriorado.
Estamos en problemas, y con las perspectivas de unas elecciones vitales para nuestro futuro rodeadas de hiedras venenosas no auguran nada provechoso.
P.D.: En mi experiencia, tan pronto como la gente es suficientemente vieja como para saberlo todo, no sabe absolutamente nada.
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