Jaime Alzate


A tres semanas de una de las definiciones más importantes que tendremos que tomar los colombianos en medio de un ambiente turbio y peligroso, debemos demostrar que lo que se dice de nosotros alrededor del mundo, sobre nuestra característica de ser uno de los países más violentos, aunque nosotros mismos lo reconocemos a ratos, pensamos, como consuelo de bobos, que hay peores.
Las épocas electorales parece que nos inoculan una especie de bacteria venenosa que nos convierte de un lugar donde se vive con cierta tranquilidad, a transformarnos en unos animales políticos incontrolables llenos de maldades, reviviendo días aciagos de la trágica época de la violencia.
Con el espíritu adolorido, veo que cuando pensábamos que por fin íbamos a tener una patria más o menos tranquila, vuelven a crecer los índices de criminalidad en campos y ciudades, al punto de hacernos sentir temor de movernos y salir de nuestros hogares.
Pero esta es solo una cara de la moneda, porque la lista es inacabable. A pesar de las experiencias trágicas que hemos tenido durante nuestra historia, y porque consideramos que el acaecer político es una de las fuentes principales de esta incertidumbre, siempre guardamos la esperanza de que en las próximas será la vencida, y nuestro comportamiento será ejemplo de democracia y civilización.
Pasan los días y los años, y volvemos siempre a las crueles etapas de las calumnias, de las amenazas, además cumplidas, entre enemigos políticos tirando por la borda lo esfuerzos por conseguir vivir en paz.
Faltan pocos días para la meta final y lamentablemente vemos que no disminuyen los insultos, ni los ataques entre los candidatos y, por el contrario, se incrementan a medida que se llega a la fecha de las votaciones.
A pesar de que nunca he negado mi admiración por el expresidente Uribe, con todo respeto, me atrevo a sugerirle que haga lo posible por controlar su temperamento, que se tranquilice ante los ataques de algunos de sus opositores -que no son todos-, y que durante estos últimos días deje que los amnésicos no recuerden quién fue el presidente que hace 16 años sacó al país de una época tenebrosa. Como soldado raso, y comprendiendo claramente que todos tenemos un límite de aguante ante los insultos y las bellaquerías, estoy seguro que enfrentar los ataques con altura hace mucho más bien para nuestra causa. Quienes insultan y atacan rastreramente lo hacen porque su pérdida es inminente. Somos optimistas frente al futuro.
P.D.: Un escritor es una persona para quien escribir es más difícil que para el resto de la gente
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015