Jaime Alzate


Revisando los archivos de mis columnas semanales encontré que en septiembre del año pasado, cuando el panorama político comenzaba a dar sus primeros hervores, expresaba mis grandes temores de que el ambiente estaba empezando a enrarecerse a tal punto que teníamos que estar preparados para enfrentar una época muy difícil, pues ya que se veía que las conversaciones de paz con las Farc no iban a ser cualquier parranda vallenata. La violencia, tanto armada como verbal, que se palpaba en los enfrentamientos violentos que explotaban entre los múltiples partidos políticos en que se habían atomizado los partidos tradicionales, había mangoneado el comportamiento cívico de los colombianos.
Efectivamente, a estas alturas, a menos de quince días del tenebroso día de elecciones, es muy inquietante ver la cantidad de insultos, calumnias y hechos de corrupción que han venido apareciendo y que nos hacen ver ante el mundo como unos incivilizados, en cambio dar un testimonio de que sí somos merecedores de la palabras de Bolívar, cuando calificó a Colombia como una universidad, por la altura cultural que orgullosamente mostraba en los tiempos de la Independencia.
Y si fuera poco todo el drama que estamos viviendo, nos llegan los resultados de las últimas encuestas sobre la preferencia de voto para las elecciones del 11 de marzo.
Según los expertos en este campo, cuyas predicciones han sido desastrosas en los últimos comicios, puesto que las cifras no se han aproximado ni poquito a las realidades, va encabezando esta contienda el individuo catalogado como el peor alcalde que ha tenido Bogotá en toda su historia. El pánico ha comenzado a regarse por todas partes y ya nos estamos sintiendo como Venezuela, con su sátrapa Maduro incluido.
Qué desgracia tener que aguantar una incertidumbre tan miedosa, por culpa de un gobierno cuyo índice de desfavorabilidad ya va en el 80% con tendencia a llegar al 100%. Nos quedan 8 días de expectativa, y debemos ser, no solamente optimistas, sino quitarnos la pendejada de encima y en vez de estar quejándonos, aprovechar este último tramo para lanzarnos con berraquera a las urnas a enfrentar a Petro y sus secuaces, porque si él gana será casi imposible desalojarlo de la silla presidencial, pues esta clase de individuos, como lo estamos viendo con el venezolano, les encanta el poder y se pegan a él como garrapatas.
Esto se va enredando a pasos agigantados, pero al menos tenemos algunos buenos candidatos que posiblemente nos dejen dormir tranquilos. A levantarse temprano el domingo 11 y dejar la pereza para cuando nos lo tengamos que quitar de encima.
P D.: En este mundo solo hay dos tragedias muy grandes. Una es no conseguir lo que se desea y la otra es conseguirla. La segunda es la peor.
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