Jaime Alzate


Escribía en días pasados en su columna de El Tiempo el buen periodista Plinio Apuleyo: "¿Dónde y cuándo empezaron los males que hoy nos aquejan? Con perdón de economistas, politólogos e historiadores yo diría que quien mejor podría explicarlo es un siquiatra. Solo este profesional puede demostrar cómo los extravíos de un ego llevaron a Juan Manuel Santos, una vez elegido, a darle la espalda al expresidente Uribe, y a su política de seguridad democrática, que tan buenos resultados estaba dando".
A pesar de todo lo que está pasando en el sector político y la gran cantidad de farsas que a diario nos toca aguantar, sigue sin verse una clara y honesta definición, en un verdadero acto de entrega espiritual y material para llegar a salvar la patria con base en verdaderos cimientos de franqueza. Todavía seguimos aferrados desaforadamente a cualquier tabla de salvación como lo hace el náufrago esperando llegar algún día a tierra firme y segura.
Por eso, con un gobierno que ha entrado en los estertores finales de su período, con unos aterradores índices de desfavorabilidad del 16%, seguimos viendo cómo el pesimismo sigue siendo el oscuro faro que todavía nos lleva de mano de los dizque arrepentidos bandoleros, por sendas llenas de incertidumbre.
Algunos coterráneos aún conservan cierta ilusión de que lo que está pasando, tanto en la parte política como en las negociaciones con los terroristas, dejan la esperanza, aunque remota, de que nos llegue algún día la paz. Pero como la voz del pueblo es la voz de Dios, la inmensa mayoría que nos dan las encuestas hacen que sintamos las fuertes oleadas de, por el contrario, una enconada desesperanza de la cual va ser muy difícil salir.
Ojalá que pudiéramos regresar lo más pronto posible a tiempos ya remotos que tanto anhelamos, pero desafortunadamente los que ya sobrepasamos la edad de la ilusión vemos muy difícil volver a sentir esa sensación de tranquilidad que solo conocimos cuando estábamos muy jóvenes, con un ansia desbordada de que nuestros hijos y nietos puedan vivir en tan ansiada paz.
Todo esto conlleva una angustia diaria al ver que por lado y lado se siguen dando palos de ciego y a pesar de que tanto se nos repite que ya está trazada la meta final, el camino cada día se muestra más escabroso y a veces parece casi imposible de recorrer.
Por parte de los subversivos, éstos mantienen un tire y afloje desconcertante. Un día hablan y hasta actúan dando una sensación de buena voluntad y al otro se lanzan como lobos en celo a demandar lo que creen les pertenece, haciendo exigencias inauditas.
Por su parte, el gobierno ansioso al ver el reflejo de sus fracasos se ha dedicado como cualquier pésimo jugador de póker a mostrar sus cartas y sus debilidades al enemigo.
No, por favor, no nos sigamos enloqueciendo, obremos con prudencia, pero sin demostrar la debilidad que estamos reflejando o necesariamente ésta nos llevará a una derrota más dolorosa que el Vía Crucis que estamos recorriendo.
P.D.: ¡Qué venga la paz, pero con dignidad!
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