Jaime Alzate


No hay duda que estamos metidos en un berenjenal del cual nos va a ser muy difícil de salir sin que nos queden dolorosas cicatrices, después de más de cincuenta años de vivir como los hermanos Caín y Abel, como si fuéramos los peores enemigos de nuestros propios hermanos.
Nos preguntamos de dónde han salido los genes de los colombianos y cuál es la raíz de nuestro ADN para tener que vivir en un permanente agarrón, pues ni siquiera la presencia viva de un papa, con toda su buena intención, ha sido capaz de acabar o al menos de disminuir nuestro drama.
Este negro panorama viene de varias generaciones atrás, desde los tiempos en que nos tocó recibir como colonizadores primarios a bandas de españoles, en su gran mayoría expresidiarios ignorantes, quienes por su misma falta de educación actuaban en las formas más crueles contra aborígenes que no tenían el menor sentido de defensa y se dejaban esclavizar y torturar sin oponer resistencia. Esa colonización fue el inicio de los cientos de años de sangrienta opresión que nos dejaron como secuela las situaciones que actualmente tenemos que sufrir.
Así comenzó nuestra historia, que después se reflejó en las grandes divisiones de clases sociales y económicas que, para nuestra desgracia, siguen siendo el pan de cada día.
Cuando comenzamos a culturizarnos, a principios del siglo XIX, de inmediato nos enfrascamos en la estúpida guerra fratricida llamada de los Mil Días, en la que los muertos de las mismas familias, sin más razones que venganzas políticas se contaron por centenas, y dieron origen a otro oscuro pasaje de nuestra historia, peor que las anteriores, la llamada Violencia, y que a pesar de dárnoslas de civilizados, nos coloca en uno de los más bajos escalones de convivencia en todo el mundo.
La sangre que nos corre por las venas está impregnada de historia, la misma que se sigue regando por el territorio patrio por causa de los cultivos de cocaína por culpa del consumo imparable de los países ricos. El auge de la coca, impulsado por unas bandas de personajes siniestros que no se rinden y por el contrario, al ser uno de los venenos más tenebrosos y atractivos por las ganancias enormes que produce, se ha propagado al extremo de poner en peligro a las mayores economías más poderosas del mundo.
El panorama no es claro, y todo indica que será muy complicado llegar a un momento de paz en esta extraña nación, que por un lado es envidiada por muchos, y por otro nos mete en unos estados de depresión increíbles ni nosotros mismos entendemos.
Vienen las elecciones presidenciales, y desde el Gobierno central hasta el último concejal de cualquier pueblo, en lo único que piensa es en el propio beneficio, sin acordarse que hay un pueblo que exige justicia ante la pobreza que lo rodea. Si seguimos entregándoles prebendas a los bandidos, ya veremos el futuro terrible que se nos viene. Estas peleas están muy mal casadas.
P.D.: El uso del libro se va a prolongar por un largo tiempo. En un viaje es más fácil llevar un libro que un televisor.
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