Jaime Alzate


Las elecciones del pasado domingo fueron decepcionantes para todo el mundo, desde los dos candidatos que se disputaban su escogencia para representar al Partido Liberal en las elecciones presidenciales de marzo del año entrante, como para quienes rechazamos con vehemencia el sainete que se montó con un costo exorbitante de 45.000 millones de pesos para, al final, salir con la irrisoria cifra de un poco más de 700 mil votantes.
Los resultados reflejaron el rechazo del país hacia unos partidos políticos, en este caso el Liberal, al que le tocó asumir la vergüenza de una opinión nacional que sigue demostrando que como decía un antiguo político: "o cambiamos o nos cambian".
Lo único medio bueno que tuvo este espectáculo, si es que así se puede catalogar, fue que, aunque por muy pocos votos, salió ganador nuestro coterráneo Humberto de la Calle, porque si ese resultado hubiera sido a favor de Cristo, el desastre habría sido total, porque hubiera significado que otra vez estaríamos en manos de dos de los más desagradables políticos como han sido Samper y Serpa.
Este primer episodio nos da una idea de lo que se nos viene encima, porque como pudimos presenciar a las pocas horas de conocerse los resultados, una gran cantidad de jefes de la mayoría de grupúsculos en que se hayan divididos los de antaño poderosos partidos, comenzaron a mostrar sus inconformidades, llegando al punto de declarar públicamente antes de terminar la tarde que no aceptaban ni la candidatura de De la Calle ni la dirección de Gaviria. Esta es la clásica demostración de la anarquía en que nos tienen envueltos los dirigentes, y cómo van a ser de difíciles los enfrentamientos con los malhechores cuando estos salgan a las plazas públicas a demostrar que por lo menos tienen más capacidad de mando que los mal llamados demócratas.
Este panorama también sirve para hacernos abrir los ojos y ponernos a reflexionar sobre las andanadas de insultos y calumnias que le caerán como chaparrones a candidatos, que como Humberto, a pesar de que muchas veces ha estado en el ojo del huracán, siempre ha demostrado su patriotismo y su honestidad. Estamos rodeados de negros nubarrones y el panorama se oscurece a cada momento, y si además crece la anarquía, el futuro no es nada agradable, y tenemos que estar preparados para enfrentar amargos momentos porque como vamos dan ganas de llorar.
P.D.: Un verdadero intelectual es un individuo que es capaz de pensar por más de dos horas en algo que no sea sexo.
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