Jaime Alzate


Dentro del acaecer de los vecinos venezolanos todo sigue peor que antes, y el futuro es de una oscuridad aterradora. No es sino dar un repaso a lo que está ocurriendo para darse cuenta que lo que se está viendo es, por desgracia, una lenta pero inevitable derrota política de la oposición, ante las estrategias que esgrime el malevo dictador Maduro, que no solo está atacando al pueblo con las peores armas de hambre y enfermedades, sino que ya le importa un bledo entrar al centro de las principales ciudades exhibiendo el poderío del armamento importado de Rusia, para dar mortales golpes sicológicos a una población indefensa que no encuentra otra vía de escape que echarse a los niños recién nacidos al hombro, y sin comida ni remedios atravesar largos kilómetros en busca de una luz de esperanza fuera de su país.
Y lo más grave es que nacional como internacionalmente se ha levantado una oleada de pesimismo que está llevando a perder la confianza en lo que se está haciendo en defensa del país, y terminen en una victoria de la camarilla dictadora. Además, parece que se ha levantado otra corriente que ha dividido las fuerzas de oposición, perdiendo una unión que era el más poderoso bastión de defensa con que contaban las fuerzas de liberación.
Reconocemos al presidente interino Juan Guaidó como un hombre valiente y patriota que se ha metido en la durísima labor de poner el pecho contra una dictadura que no se para en pelitos para mantener las prebendas que ha usurpado, extraídas de las necesidades de todo un pueblo.
Otro obstáculo que impide combatir de frente a los enemigos de la patria de Bolívar es el poder que han adquirido Diosdado Cabello, el segundo hombre del régimen quien con zagacidad y astucia se ha enriquecido a costa del erario público, y que ha manejado los dineros de las fuerzas militares como si fueran plata de bolsillo, repartiendo millonadas a altos oficiales como le ha venido en gana. Su más reciente movida fue obligar al poder judicial a detener al presidente interino, tratando con ello de descabezar a todo el que se le oponga.
Se siente claramente un ambiente de desazón que puede llevar a que se caiga en un pesimismo muy difícil de controlar, y que pasemos de la ilusión de que las cosas podían cambiar a la cruda realidad de que, para desgracia de Venezuela y de nosotros, que seremos de los más afectados, las cosas seguirán empeorando bajo el mando de los chavistas.
P.D.: En estado de odio, las mujeres son mucho más peligrosas que los hombres.
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