Jaime Alzate


Aunque nuestro país ha girado durante su historia alrededor de la política, con el pasar de los tiempos se va afianzando esta forma de sobrevivir, llegando a extremos de tal naturaleza que por cualquier parte que miremos nos vemos rodeados de un ambiente de gran tensión.
Siempre nos hemos proclamado como una democracia, y basados en esta premisa hemos seguido los pasos de países civilizados, tratando de no tener que llevar como estigmas las estadísticas de nuestra violencia mezclada con una forma de vivir en la que la producción y el mercadeo de la cocaína hacen parte de nuestra cotidianidad.
Falta un año larguito para que tengamos elecciones para presidente de la república, y ya afloran los candidatos y, como es costumbre, a caldearse el ambiente con los enfrentamientos entre los varios partidos, que en esta ocasión van a ser más abundantes, y tendrán el armamento listo para una lucha sin cuartel en que tendremos como contendores a los bandoleros a quienes este gobierno les ha prometido el oro y el moro.
Hagamos una lista corta con los personajes políticos y los guerrilleros cuya imagen es rechazada con vehemencia, que inspiran reacciones negativas, y comencemos a echarle cabeza sobre a quienes dejamos por fuera.
Encabeza Armando Benedetti quien no es acogido ni por sus compañeros de bancada y cuya última vergonzosa metida de patas en el nombramiento de una magistrada para la Corte Constitucional fue antipatriota y grosera.
Lo sigue Nicolás Gabino, cabecilla de los Elenos, quien se ha convertido en un mitómano permanente manejando durante cincuenta años la sangrienta guerrilla y mintiendo ahora en sus falsos deseos de llegar a la paz, pero sin dar una sola prueba de que esto sea verdad.
Después, Roy Barreras, politiquero de la peor calaña y con unas ganas exageradas de llevarse en los cachos a todo el mundo. Uno no se explica cómo los medios siguen dándole tanta vitrina.
Ahora le da por regresar a la odiosa Piedad Córdoba, quien quiere volver a ocupar puestos delanteros después de permanecer un buen tiempo medio escondida. Pretende llegar nada menos que a la Presidencia de la Republica con un 2,6% de favorabilidad, que con seguridad se convertirá en máximo un 1%.
Gustavo Petro, desagradable por donde se lo mire, uno de los peores alcaldes que ha tenido Bogotá.
Resucitó Carlos Alonso Lucio, que ha pasado por todos los puestos públicos y privados que han existido: de político raso pasó a la guerrilla, de allí al Congreso, luego regresó al papel de hombre casado, y ahora terminó como pastor Cristiano, promoviendo con su mujer doctrinas que han agitado el cotarro.
No me voy a meter todavía en enredos, pero ya se vislumbran varios politiqueros de la parroquia que aumentan su desprestigio y siguen insistiendo en llevar la batuta. Adivine quiénes son.
Estos son apenas unos pocos personajes colombianos que brillan por su petulancia. Pero el gran campeón es el señor Donald Trump, quien en menos de cien días ha sido capaz de dejar regados como cabeza de los desagradables a los peores políticos del mundo. Un record difícil de igualar.
P.D.: Siempre espero lo peor, y siempre resulta peor de lo que esperaba.
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