Jaime Alzate


A pesar de que esperábamos una situación muy revuelta durante el período preelectoral que comenzó el pasado lunes, día de la Batalla de Boyacá, y fecha en que se realiza la posesión, cada cuatro años, de un nuevo presidente de la república, lo sucedido ha superado nuestras expectativas, por la cantidad de hechos no solo en Colombia, sino, y con mayor intensidad, en todo el continente.
Lo peor sucede en Venezuela, sobre lo cual se han escrito muchas cuartillas y cuya situación es dramática. Además de los más de 120 muertos por culpa de la camarilla de dictadores que se han apropiado de la república Bolivariana, las cosas se han agravado y el mundo parece maniatado para darle una solución drástica e inmediata a ese caos, antes de que tengamos de frente otro caracazo como el que se vivió en los tiempos de Pérez Jiménez, otro dictador que no tuvo reato en imponer su tiranía al bravo pueblo en medio de orgías en las playas de Venezuela, montado en motos, y con sus áulicos de meseros.
Hoy el principal motivo de preocupación, además del golpe dictatorial que está aplicando "porky Maduro", es la aberrante corrupción que azota a América Latina, y que al destapar la colcha que está cubriendo las llagas, nos muestra que la moral de nuestros pueblos, promovida por la clase política, expide un pestilente olor a podredumbre.
Tenemos al gigante Brasil, donde todavía no se sabe en qué va a terminar la crisis política y cuyo desenlace ocasionará mayores daños que en cualquier otro país, y que por nuestra vecindad y la globalización nos afectará en forma directa.
El comandante Chávez hacía lo que le venía en gana, como pretende ahora Maduro con astucia pero sin inteligencia, con el fin de sostenerse en el poder, y decidió repartir buena parte de las riquezas petroleras entre sus amigos, especialmente en las islas del Caribe, asegurando cierto respaldo internacional mediante el voto comprado, que en momentos de crisis le resultó muy útil.
Ecuador, cuyo expresidente, el seudoizquierdista Correa, fue el que más bulla hizo cuando nuestro ejército dio de baja a Reyes, uno de los peores asesinos de las tenebrosas Farc, entregó el poder en días pasados a Lenin Moreno, quien tuvo que vender un avión presidencial porque está al borde de llegar a la misma situación de dificultades económicas en que está Venezuela, donde las reservas petroleras no les alcanzan ni para dar limosna a sus anteriores aliados.
Otros vecinos que se están aproximando a problemas similares, son algunos centroamericanos que con mandatarios como el sátrapa de Nicaragua tan pronto se les acabe el chorro de Venezuela van a quedar en la física olla.
El panorama es más que grave, y si Colombia no se amarra los pantalones la economía seguirá empeorando a pasos agigantados, y sabemos que la bola de nieve cuando comienza a rodar no hay barranco que la ataje. Además, como si fuera poco, durante 50 largos y sangrientos años hemos tenido el peligro de los bandoleros, que aunque ahora estén simulando su pacificación nadie cree en que sus intenciones sean las mejores. Inciertas las épocas, y poco capaces los gobernantes para sacarnos del atolladero.
P.D.: Estar en la política es como ser un entrenador de fútbol. Hay que ser tan inteligente como para entender el juego y tan estúpido como para pensar que es importante.
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