Jaime Alzate


Tenía la idea de que tan pronto se conocieran los resultados definitivos de las elecciones de hace tres semanas, como el ambiente se sentía en verdad muy pesado, no tendría nada de raro que tuviéramos una tensa situación promovida por los guerrilleros disidentes de las Farc, por las reacciones violentas de los malhechores del desubicado Eln, aunado todo esto a la política interna, bastante explosiva, que andaba en boca de algunos de los candidatos y que nos hizo volver a pensar en los aciagos tiempos de la violencia política.
Por fortuna estábamos, gracias a Dios, bastante equivocados, y contrario a lo que pensábamos, el buen comportamiento de los electores sobrepasó con creces las actitudes mostradas por ciertos dirigentes, así que a pesar de todos nuestros sufrimientos y nuestras angustias, el pueblo asimiló las experiencias de tantos años de dolor, y parece que por fin estamos entrando en una verdadera época de progreso y paz.
Ojalá que esta etapa de concordia que estamos viviendo se vuelva permanente, y para ello es absolutamente necesario que tengamos al frente a dirigentes políticos que sepan cómo debe llevarse en la dirección correcta a un país bueno y trabajador, que sabrá demostrar que si es grande en las tribulaciones, más lo será en las bienaventuranzas.
Hemos corrido, por otra parte, con la mala suerte, de que se nos han presentado unos hechos atribuibles en parte a la madre naturaleza, como ha sido la falla de la represa de Hidroituango, cuya responsabilidad, creo yo, van a pasar muchos años antes de poderse atribuir a alguien con certeza, por la complejidad no solo de la geografía de la región, sino por el difícil comportamiento geológico de todas las escarpadas montañas del oriente colombiano.
Días antes, la caída del puente de Chirajara también estuvo cerca de causar una tragedia a los viajeros de la autopista que va a Villavicencio, y que afortunadamente no sucedió, sin que hasta el momento se tenga una idea clara de lo que provocó este otro desastre de diseño estructural.
Cómo serán de difíciles las cosas, que tampoco se ha dado una explicación clara y definitiva sobre la caída de los edificios de Medellín, lo que no debería tener mayores problemas, porque el cálculo estructural de un edificio no puede fallar de una manera tan infantil.
Pero todo queda cubierto con las elecciones del domingo 17, y si las cosas se dan como la mayoría de la población se manifestó en los anteriores comicios, el candidato ganador será un joven que con su carisma, su limpia vida, y su deseo de hacer las cosas como Dios manda, con gran conocimiento de los problemas del país demostrado en las plazas públicas, tendremos un buen timonel, con un mar abierto al progreso.
Esperemos no sufrir otra tragedia como la de Armero, que la paz se convierta en un bastión de paz y que nuestros hijos conozcan muy pronto lo que es vivir con tranquilidad.
¡Ah! y que no se olvide darle muy duro a la corrupción, la peor plaga que nos azota.
P. D.: Nunca debemos hablar ni bien ni mal de nosotros mismos. Si hablamos bien no nos van a creer, y si hablamos mal nos creerán fácilmente.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015