Jaime Alzate


A veces recibo críticas de lectores amigos por lo que consideran un poco de exageración en los ataques que hago contra el sátrapa venezolano, precisamente por su comportamiento dictatorial y cruel contra un pueblo que ha hecho hasta lo indecible para recuperar su perdida libertad, el bien más preciado que puede tener el hombre.
En nuestro país hemos tenido épocas dantescas, porque vivir más de 50 años azotados por las innumerables bandas de tenebrosos asesinos no es fácil. Pero afortunadamente no hemos llegado al desespero de tener que emigrar en busca de residuos de comida para evitar que pobres niños inocentes se mueran de hambre, ni pedir ayuda a conciudadanos que materialmente no tienen nada que ofrecer, ni tener un gobierno podrido cuyos principales cabecillas, una bandada de ladrones, han acabado con una riqueza que algún día fue la más alta de Latinoamérica.
Viendo la cantidad de exilados que entran a Colombia, quienes reflejan en sus caras el desespero que produce la hambruna, se le tuerce a uno el corazón, sobre todo si, como nos ha pasado a muchos, tuvimos estrechas relaciones de familia, amistad o negocios con los otrora boyantes petroleros.
Lamentablemente el panorama es muy oscuro por muchas razones, entre ellas, la más difícil de solucionar es la falta de líderes en la clase política venezolana. Recuerdo, aunque no lo experimenté en persona, que uno de los tiranos más crueles que gobernó a Venezuela durante más de treinta años fue Juan Vicente Gómez, de quien se dice y todavía hay quien lo sostenga, que nació en Villa del Rosario de Leyva, en pleno territorio colombiano. Ese fue uno de los personajes más siniestros de su historia, quien manejó peor que un Chávez o un Maduro a un pueblo que, a menos que se les dé una ayuda decidida y valiente, terminará como cualquier país del interior de África manejada por gobernantes, muchos de los cuales se vanaglorian de su canibalismo. Sin olvidarnos de Marco Pérez Jiménez, otro chafarote de raca-mandaca quien hizo lo que le vino en gana con el poder que esgrimía.
Ahora, cuando somos partícipes directos de todo este terror, es cuando debemos abrir más que nunca los ojos, porque la situación en nuestro país no es nada halagueña, y ya podemos ver como, tal como estaba pronosticado, varias de las bandas de asesinos, siendo los peores los "elenos", siguen respaldados por los vecinos dictadores en plena racha de bandolerismo y crímenes, asesinando cobardemente policías y campesinos, pero lucrándose de todo lo que es el mercado mundial de la droga, negocio que es casi imposible de desparecer, porque la sucia riqueza que la nutre está por encima hasta de gobiernos de países más desarrollados que los que gobiernan el tercer mundo.
El jueves se cumplieron 15 años del atentado al Club El Nogal que dejó 22 muertos y 198 heridos. Han caído algunos de los asesinos, pero los verdaderos cabecillas lo único que reciben como castigo es una bolsa de huevos podridos, como las que le están tirando al malvado Timochenko. Realmente muy poco para tan execrables crímenes.
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