Jaime Alzate


Uno no sabe si es que el tiempo camina demasiado rápido en nuestro país, o si lo que pasa es que la vida política se mueve en medio de tantas revolturas y problemas que no nos damos cuenta en qué momento han pasado los días dejando una estela de acontecimientos que no nos dejan ni hacerles algún mediano análisis, cuando ya se han vencido los términos.
Revisando El Tiempo del 15 de enero pasado, daban como gran noticia los detalles de cómo se encontraba en esa fecha el partidor presidencial, con los datos de los más seguros aspirantes a sentarse en el solio de Bolívar.
Encabezaba la lista el exvicepresidente Vargas Lleras, quien astutamente se había adueñado de la punta de la carrera, aprovechando la puerta que le había abierto el presidente Santos, queriendo perpetuarse en el poder en cuerpo ajeno.
Quién hubiera pensado que en menos de un mes iba a explotar la bomba de la discordia con la misma moneda con la que le pagó Santos a Uribe, y que sirvió como mecha para dinamitar lo que se guardaba cada uno.
Pero la movida de Vargas sirvió para que se viniera el chaparrón de políticos de todas las calañas cuya ansia de poder hizo salir a más precandidatos de los que cualquiera sospechaba. Entre los más notorios aspirantes de entonces, también sacaban pecho los siguientes personajes: Juan Fernando Cristo, Juan Manuel Galán, Humberto de la Calle, Marta Lucía Ramírez, Alejandro Ordóñez, Clara López, Sergio Fajardo, Iván Duque y Jorge E. Robledo.
Es decir que en un corto mes, de 20 aspirantes iniciales, a hoy quedan solamente 9, con mucha o poca opción, a los demás ya los borraron del pizarrón. Y eso que faltaba el inefable Timochenko, quien ya se siente presidente vitalicio.
Me llené de paciencia el pasado miércoles para oír completo el discurso del presidente Donald Trump sobre el Estado de la Unión. También he leído los comentarios de algunos periodistas lambones quienes, yo no sé de donde, han sacado una sarta de elogios y de aplausos con muy pocos pronunciamientos de fondo, y lo han considerado casi una obra de alta literatura. Lo que más me llamó la atención es la disciplina que muestran los dos partidos tradicionales del coloso, que a la menor señal de petición de aplauso de inmediato se ponían de pie para seguir subiéndole el ego a quien poca falta le hace. Cómo gozaría cualquier mandatario latinoamericano viendo cómo se maneja un auditorio como esos en un país con algo de civilización política. El pelirrojo no hizo ni una mínima alusión a sus discriminantes políticas racistas, ni a la situación peligrosa de guerra en que tiene al mundo. Dios nos tenga de su mano ante la sencillez de este poderoso caballero.
P. D.: Los medios actuales de comunicación le permiten al ciudadano moderno enterarse de todo sin entender nada.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015