Guido Echeverri


Así se llamará una cumbre paralela que está convocando El Foro Económico Mundial para el próximo enero de 2021 en Davos, Suiza; como siempre, reunirá a los más destacados gobernantes, dirigentes empresariales y líderes sociales e intelectuales del mundo.
En términos generales El Gran Reinicio “es un compromiso para construir conjuntamente y con urgencia los cimientos de nuestro sistema económico y social para un futuro pos-covid más justo, sostenible y resistente”.
“La pandemia representa una oportunidad inusual y reducida para reflexionar, reimaginar y reiniciar nuestro mundo”, ha dicho el fundador del Foro, Klaus Schwab.
Esta es una reflexión sin duda indispensable, necesaria y urgente. De allí saldrán propuestas y compromisos que “construirán los cimientos de un nuevo sistema económico y social,” o simples iniciativas para retocar el sistema capitalista, el modelo neoliberal y las dimensiones de la globalización: después de la crisis del 2008, el mundo nuevo que se preveía, por ejemplo, en materia de regulación de las actividades bancarias y financieras, nunca vio la luz.
Según la OMS, habrá una vacuna contra el coronavirus al inicio de 2021, es decir, por los lados de enero cuando se reúne la cumbre. Ese hecho en todo caso habrá inducido algunas respuestas a los dilemas sugeridos por la crisis y precisará los desafíos para conjurarla de manera definitiva y sin retorno.
Cuando algunos afirman que será ahora la ciencia y el conocimiento los que determinen la geopolítica mundial están obviando la política como el espacio central para construir procesos y decisiones que no conviertan por ejemplo el enorme esfuerzo que han realizado investigadores, farmacéuticas y países en una carrera con un solo ganador.
Que esta vacuna proteja especialmente al personal sanitario, a los adultos con morbilidades, a las personas más vulnerables, a los pobres y marginados, y que sea eficaz para niños y ancianos, es asunto que no puede dejarse al arbitrio del mercado o al querer del nacionalismo a ultranza, aupado ahora por un populismo de la peor ralea.
La carta que han firmado cincuenta mandatarios de todo el mundo en la que piden que la futura vacuna contra el covid-19 sea considerada un bien público mundial y la promoción de una corriente de datos abiertos sin precedentes en la historia de la ciencia de la que Colombia hace parte, son hechos que llaman al optimismo
Pero también hay países persiguiendo los derechos exclusivos sobre la vacuna que vienen desarrollando distintos laboratorios en Estados Unidos y en Europa. China tiene más de mil investigadores trabajando en secreto, protegidos por el ejército, en busca de la vacuna.
A fecha junio 16 de 2020 el portafolio de vacunas contra el covid-19 es de 163 en diferentes estados de desarrollo. Sin grandes inversiones públicas en ciencias básicas, los laboratorios y farmacéuticas no hubieran podido llegar tan rápido a estos hallazgos que llenan a la humanidad de esperanza; en otra perspectiva los países desinteresados en financiar la investigación científica y tecnológica han visto reducidas las posibilidades de contar siquiera con los más elementales recursos para enfrentar la pandemia.
Cuando el fundador del Foro Económico Mundial habla de la necesidad de remover los cimientos de nuestro sistema económico y social, estamos de acuerdo; solo que olvidó la política, sin cuyo reacomodo e intervención no será posible ninguna transformación. En democracia, claro.
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