Gonzalo Gallo


La sociedad te arrastra a ser un drogodependiente emocional. Solo actúas si te mueve una emoción cada vez más fuerte, vibrante.
Acostumbras al cerebro a experiencias de gran intensidad y, como consecuencia, pierdes el control de tu vida.
Corres el riesgo de perder los referentes y los valores necesarios para que te guíen en momentos de caos.
Constantemente en nuestra vida nos podemos desviar y tenemos que tener claro el sentido de la vida.
Por lo mismo debes dedicar buen tiempo a nutrir tu espíritu y un buen medio es unir la relajación con la meditación.
Crea ese buen hábito y bien pronto notarás como te calmas, ganas estabilidad y equilibrio emocional.
Pero pasa algo mejor si en relax te sientes en amorosa comunión con Dios porque así tu espíritu se llena de buena energía.
En general los humanos cuidan bien poco su espíritu, aunque se nota un buen despertar que da esperanzas.
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