Gonzalo Gallo


No siempre el orgullo es venenoso, puede ser un poderoso motor para inspirar e incentivar.
Y eso lo reconoció un famoso jugador de baloncesto cuando dijo: “años después, aún recuerdo algo con emoción.
Era solo un principiante en las ligas mayores de EE.UU. y un día el coach me llamó aparte en el camerino y me dijo:
“Estoy orgulloso de ti porque te entregaste del todo, te felicito. No ganamos, pero jugaste muy bien.
Esas lindas palabras, dichas con amor y sinceridad, me insuflaron una energía que me acompañó siempre”.
Estupendo ejemplo. Como padre de familia, educador o buen amigo, haces milagros al decir: “Estoy orgulloso de ti” o “te felicito”.
Hay un orgullo sano que nos motiva cuando reconocemos los valores propios y ajenos y animamos a otros a mejorar.
Piénsalo y no escatimes un elogio sincero. No alcanzas a imaginar el gran alcance del estímulo amoroso.
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