Gonzalo Gallo


Se podría decir que Paris Hilton es feliz porque, en apariencia, lo tiene todo: una cuenta corriente plagada de ceros a la derecha.
Es bonita y famosa y viste modelos de los mejores diseñadores, tiene varias mansiones, su jet privado y asiste a fiestas VIP.
A pesar de ello, la heredera de la cadena hotelera se siente vacía según unas declaraciones que desnudan su desubique:
"Cambiaría todo lo que tengo por la felicidad real”, reconoce la multimillonaria en un reciente documental.
Para ella la ansiada y esquiva felicidad tiene que ver entre otras cosas con casarse y tener hijos.
Habla de la soledad y la banalidad de las redes sociales, y de cómo a pesar de vivir rodeada de gente se siente sola.
Por sus excesos con el licor y las drogas estuvo presa en 2006 y le condonaron la pena al pagar una multa y trabajar por la comunidad.
La relación con su familia se resintió y su abuelo Conrad le retiró los 40 millones de dólares que recibiría en herencia. Su frase lo dice todo: "Cambiaría todo lo que tengo por la felicidad real”.
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