Gonzalo Gallo


El 11 de febrero de 1990 el gran líder sudafricano Nelson Mandela dejó la cárcel tras 27 años de duro encierro.
La reclusión fue terrible, con maltratos, aislamiento y dolor en una lúgubre prisión de la Isla de Robben.
18 años en una celda diminuta, con una pequeñísima ventana, sin siquiera un colchón. Solo 2 visitas en el año de media hora.
Mala comida y la única actividad para los presos era ir a una cantera a picar piedra bajo un sol calcinante.
En ese antro nada parecía posible, pero Mandela nunca perdió la fe y jamás se contaminó con el odio. Escribió:
“Yo era arrogante. Mis 27 años de cárcel me hicieron comprender lo importante que es la tolerancia y que no hay que tener amargura.
El aislamiento en el calabozo es el lugar idóneo para conocerte a vos mismo. Me dio la oportunidad de meditar y evolucionar espiritualmente”. Buena lección para estos días.
Puede decirse que Mandela es un ejemplo de perdón, fe, coraje y liderazgo. En 1994 asumió la presidencia de Sudáfrica.
@gonzalogallog
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