Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Celebrar rituales a los muertos es una forma que tienen los dolientes de homenajear la memoria de sus seres queridos fallecidos. Esto forma parte de las prácticas que se efectúan en diversos lugares para mantener la memoria, para recordar, para traer al presente vivencias, anécdotas y también para llevar a cabo ceremonias religiosas y oraciones no solo por ellos, sino además por quienes están vivos.
Los rituales religiosos tienen la intención de ayudar al fallecido a encontrar luz, paz y sosiego, y a los vivos les permite liberar asuntos relacionados con las emociones, los sentimientos y la historia compartida.
Muchos sobrevivientes se demoran en la aceptación y en la elaboración de su dolor y, de manera más especial, cuando sus seres queridos han muerto de forma intempestiva, violenta o dramática. En tales casos, los rituales se convierten en una gran herramienta para ayudar en esa triste tarea cual es, la de asumir la muerte y permitir que poco a poco se pueda paliar la aflicción.
La muerte genera cambios en la mayoría de las dinámicas familiares. En algunas ocasiones estos son para fortalecer las relaciones y los vínculos, en otras, se crean tensiones y conflictos difíciles de reparar. Hay que tener en cuenta que los recuerdos entre los dolientes no son iguales, ni producen las mismas emociones: mientras que para unos algún objeto del familiar fallecido les trae nostalgia, para otros el mismo elemento lo asocian con la enfermedad, el dolor o la rabia.
En una familia, para repartir las pertenencias de la madre fallecida, se dieron cita en una gran reunión hijos y nietos. No había nueras, ni yernos, el padre lo decidió así, ese día hubo abrazos, lágrimas, risas, narrativas y también disgustos.
Una de las hijas se quejó porque no había sido invitado su marido. El padre le contestó que el ritual era un encuentro familiar, lo que dio origen a una gran molestia. Situaciones como estas impiden que se fortalezcan los lazos afectivos y enriquezcan la comunicación y la expresión de los dolientes.
El carácter simbólico de los rituales es una experiencia emocional y llena de significados, lo cual se logra al realizar siembras de jardines, de árboles, adornar con flores, llevar comidas, regalos, crear dibujos o pinturas individuales y colectivas. Escribir cartas de despedida, estas últimas en particular, son un medio para que afloren el miedo ante la ausencia, las rabias y las culpas por los asuntos no concluidos, por el afecto no expresado, por la indiferencia, por las ilusiones y los sueños no hechos realidad, etc.
Es importante resaltar, que escribir, es uno de los mejores medios para comenzar o terminar un ritual de homenaje a los seres queridos fallecidos. No importa si la muerte es reciente o si han pasado muchos años de esa ausencia.
Los rituales son también acciones para reflexionar ante la vida que se compartió y la que queda. Es como mirar ese pasado reciente y hacer el ejercicio de obtener lo mejor de él para sanar, reparar y fortalecerse a nivel interior y -en lo posible- para tratar de estar más ligero de equipaje.
* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
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