Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Es frecuente encontrarnos en las asesorías psicológicas con personas de diferentes edades portando una carga de dolor inmensa, con autoestima baja, que según sus propias afirmaciones no se sienten amados, reconocidos y menos respetados por las personas que les rodean. Las emociones que acompañan estas quejas danzan entre la rabia, el miedo y la culpa.
Son seres humanos que se sienten frustrados con la vida que llevan y los mecanismos de defensa que utilizan para defenderse, muchas veces, los alejan de sí mismos y de la realidad.
Es posible que algunas de estas situaciones se hayan originado en la niñez, en las pautas de crianza, en los hábitos cotidianos. Niños con baja autoestima que han avanzado por la vida con sentimientos de fracaso y hasta minusvalía, quizás al lado de padres exigentes que no saben conversar acerca de estos sucesos, además de que tampoco saben escuchar, ni se dan el tiempo para hacerlo.
Este es un panorama hostil para cualquier ser humano, que tiene temor de manifestar lo que siente y así va pasando el tiempo, sin encontrar asideros seguros que le generen confianza y le ayuden a protegerse en momentos de dificultad.
Es posible que estos hechos generen frustración y amargura. En ocasiones se acompañan de algunas creencias irracionales, totalmente alejadas de toda certidumbre y cuya exageración dificulta, aún más, el tener un adecuado principio de realidad. De esta manera la mente se llena de argumentos que impiden tener una mejor calidad de vida.
¿Cómo empezar a hacer algunas transformaciones?
- Primero, hay que conocer esos pensamientos dañinos.
- Segundo, identificar desde cuándo tales pensamientos hacen parte de sus creencias.
- Tercero, observar y analizar cuánto efecto y poder tienen en la vida diaria.
- Cuarto, examinar cómo se ha saboteado la vida con esos pensamientos y creencias.
- Quinto, reconocer cómo a través de ellos, ha sentido que los proyectos personales han estado amenazados.
Por supuesto, no basta sólo con realizar las tareas de identificación de cada una de estas situaciones. Ese es solo el comienzo. Hay que tener claridad para saber qué le haría sentir mejor y, acto seguido, trabajar por ello. Hay que esforzarse para conseguirlo, es comenzar por ponerle voluntad a esas transformaciones.
Así entonces, los pensamientos encaminados a hacer cambios, carecen de poder si se quedan solo en ideas. Estos se vuelven parte de la realidad cuando se acompañan de acciones responsables que de paso, derrotan las ideas de fracaso y fortalecen la autoestima y la autoconfianza.
* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015