Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Según Daniel Goleman, hay dos emociones básicas que son la atracción y el rechazo, que de ellas se desprenden todas las demás. Cuando el ser humano siente que está en peligro y que su integridad se encuentra en riesgo, surge el rechazo; cuando un suceso le hace sentir bien y en armonía, emerge la atracción.
Plantea Goleman, así mismo, que hay cinco emociones consideradas destructivas, por las consecuencias devastadoras que pueden originar en los otros y en la persona que las siente. Estas son el odio, el deseo, la ignorancia, el orgullo y la envidia.
Interrogarse acerca de cada una de ellas, permite darse cuenta, analizar y quizás reflexionar:
- ¿Sientes emociones con frecuencia?
- ¿Hay unas más poderosas que las otras?
- ¿Son ellas las que lo mantienen vivo?
- ¿Ha desperdiciado parte de su vida alimentando algunas de ellas?
Cada una de las emociones destructivas genera intranquilidad, desasosiego, desarmonía; así sobren las explicaciones y hasta se crea que se tiene la razón.
El odio no deja ver con claridad lo que sucede alrededor. La gente con odio es como si tuviera dentro un volcán a punto de una erupción y, en ese esfuerzo por descargar lo que siente, tira su lava para todos los lados y hace daño sin medir las consecuencias.
El deseo visto como la necesidad de tener, de poseer y de considerar que si no se adquieren ciertas cosas, no es posible tener tranquilidad. No importa lo que haya que hacer con tal de satisfacer las necesidades que se crean. Deseos de cosas materiales, de tener poder, de mantener relaciones afectivas y apegos enfermizos.
La ignorancia es la actitud que asumen las personas cuando se niegan a entender y a reflexionar, a aceptar un cambio, a discernir acerca de una situación. Esta postura malogra las relaciones, los sueños, los proyectos, impide tener una respetuosa comunicación o convivencia consigo mismo y con los demás.
El orgullo es una respuesta emocional que cierra puertas y no deja contemplar el horizonte. Es algo que imposibilita el acercamiento con los otros. Una persona que alimente el orgullo, difícilmente sentirá compasión por los demás.
Es común escuchar historias donde la envidia es la gran protagonista. Quién la siente pasa mucho de su tiempo hurgando el mundo de los demás, qué hacen, qué compran, con quién salen, revisan sus fotos, perfiles, en fin, realizan un continuo y exhaustivo seguimiento. Esto les genera estrés y ansiedad. Mantener esta emoción es paralizar la propia vida, es estar ciego ante los propios recursos y potencialidades, es impedir que la vida fluya.
Aprender acerca del manejo de las emociones destructivas, debería ser una asignatura en los currículos académicos. Sería una gran ayuda para conocer las frustraciones, desarrollar recursos de afrontamiento y hacerse responsable de lo que siente y cómo lo expresa a las personas que le rodean.
Muchos actos de violencia, muertes y dolor son provocados por no saber autorregular las emociones. Valdría la pena pensar en que si la inteligencia emocional formara parte de los currículos académicos, esta sería eje fundamental para la prevención.
* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
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