Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Dicen que cuando alguien se casa, se casa también con la familia de la pareja, y a fe que esto se hace realidad en muchas ocasiones. Algunas veces para fortalecer vínculos y relaciones y en otras oportunidades para generar malestar y distancia. Hay seres que invierten parte de su tiempo en fortalecer lazos emocionales, mientras otros lo usan para romperlos; múltiples y disímiles historias se escuchan, claro ejemplo de la condición emocional de sus integrantes.
Una señora contaba, que al morir su marido, la familia de él se convirtió en su protectora, además la apoyó en la crianza de cuatro hijos en edad adolescente. Afirma: “Me he sentido acompañada y a pesar de que tengo a mi familia conmigo, a mis cuñados y suegros los siento mucho más cercanos porque han sido mi gran soporte ante la ausencia de mi esposo. Mi gratitud con ellos es infinita”.
El verbo arropar cabe en esta historia. Es un gran regalo de amor el sentir la protección y el cuidado también de aquellos que no hacen parte tan directa de la familia, todo ante la muerte de un ser querido.
Se conocen, asimismo otras historias: “Al morir mis padres, mi pareja ha hecho lo posible y lo imposible para que yo pase el tiempo solo con su familia. Ellos son los primeros que llegan, están en todos los viajes y celebraciones, pero a ninguno se le ocurre que puede colaborar. Hay que ponerles empleadas para que los atiendan y les recojan su desorden… ah, y todo gratis. No solo son invitados, son además recostados y ni un gesto de gratitud”.
Este es otro tipo de parentela que, por lo visto, quedó ‘muy bien casada’. Se sienten amos, jamás han pensado siquiera agradecer ni mucho menos en cooperar. No conocen esas palabras.
Hay recuerdos hermosos y llenos de calidez, de familias ‘bien casadas’: “Cuando murió mi hijo en un accidente, creí que todo se había derrumbado para mí. Mi marido viajaba mucho por su trabajo y yo sentí mucha soledad y angustia. La suegra se convirtió en mi hada madrina. La acogida de toda la familia política fue especial. En esta dolorosa experiencia aprendí lo que es la misericordia”.
Familias ‘bien casadas’ son también aquellas que ante la muerte, se consideran con el derecho de heredar lo que ese ser querido tenía, sin preguntar, ni hacer acuerdos: “El día que murió mi pareja, me pidieron las llaves del apartamento para traer una foto y colocarla en la sala de velación. Al llegar en la noche, había una parte del closet desocupado, faltaba la ropa, el reloj y muchos otros objetos personales. Al preguntarles, solo respondieron: ‘queremos que nos entregues todo lo que le pertenecía a él’. Siento que todo ha sido irrespetuoso, jamás pensaron en mi dolor”.
Debido a la relación que se establece con las familias de las parejas, lo mejor es hacer acuerdos de respeto, con límites y con prudencia. El tipo de familias ‘bien casadas’ que se benefician y se ayudan entre sí, generan emociones positivas y serenidad, mientras que las que se aprovechan de los otros, originan rabia, desconfianza y emociones perturbadoras.
- ¿A qué tipo de familia, pertenece usted?
Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
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