Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal O. * fannybernalrozco@hotmail.com
Ser estable emocionalmente en un medio con tantas presiones, es una tarea difícil de lograr. Permanecer una semana o más tiempo en cierto equilibrio, requiere conocer y asumir pautas de cuidado personal, las cuales son de mucha ayuda, cuando llega o se avizora alguna tormenta.
Ser estables es actuar de manera responsable, cuidándose y cuidando; es tener la capacidad de pensar, reflexionar, discernir y decidir en consecuencia, lo que quiere decir, que no se reacciona con el automático encendido, que es necesario hacer una sensata pausa antes de originar una respuesta.
Un ejemplo de lo que sucede con la estabilidad emocional es lo que narran algunos jóvenes en cuanto al uso de las redes sociales; manifiestan que a través de ellas hay un sinfín de presiones: por el cuerpo, la belleza, los sitios donde se vacaciona, la ropa, las compras, las parejas, las joyas, la comida, el licor, los carros, los estados de ánimo, los espacios de reunión y de rumba, las cirugías estéticas, las marcas. Y es que en la respuesta a estas trivialidades -los famosos likes-, algunas personas fundan hoy su autoestima, su confianza y su equilibrio emocional.
Lo anterior explica el por qué se vive como en un carrusel de emociones, estar atentos a lo que otros hacen o logran, y vivir todo el tiempo en función del compararse y de pronto, verse en desventaja produce ansiedad, es más, algunas personas, llegan al extremo de sentirse desafortunadas e infelices, incluso pueden afirmar que todo les sale mal y hasta su visión de la vida se torna negativa.
Es la sociedad del tener, aparentar, parecer, no importa lo que haya que hacer, el todo, es hacer lo imposible por verse bien y aparentar ser felices y que los demás les tengan en cuenta, así sea por un segundo; pero en esta ansia de reconocimiento y de éxito, todo es pasajero y no hay tiempo para el cultivo del mundo interior.
A propósito dice el psiquiatra español Enrique Rojas, en su libro El hombre light: “El hombre light es frío, no cree en casi nada, sus opiniones cambian rápidamente y ha desertado de los valores trascendentes. Por eso se ha ido volviendo cada vez más vulnerable; por eso ha ido cayendo en una cierta indefensión. De este modo resulta más fácil manipularlo, llevarlo de acá para allá, pero todo sin demasiada pasión. Se han hecho muchas concesiones sobre cuestiones esenciales, y los retos y esfuerzos ya no apuntan hacia la formación de un individuo más humano, culto y espiritual, sino hacia la búsqueda del placer y el bienestar a toda costa, además del dinero”.
A todo lo anterior se suma el bajo nivel de tolerancia a la frustración, si no se garantizan las necesidades de manera rápida, entonces aparece el drama, la tristeza, la inseguridad, el quiebre emocional, la queja, el miedo, la amenaza, el silencio, la desconfianza.
Frente a esto habría que preguntarse ¿Hay algo para hacer? Por supuesto que hay mucho para hacer, pero no se trata de hacer contención solamente, cuando la inestabilidad emocional aparece, se trata de estar atentos desde la niñez a las pautas de crianza, a los límites claros, al ejemplo adecuado, a las palabras apropiadas, a los gestos que impliquen reflexión y a apropiarse de valores para cultivar el sentido de lo humano.
Psicóloga
Profesora Universidad de Manizales
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