Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Quien acompaña en una enfermedad, poco a poco, va entendiendo que es esta una labor que agobia. A veces el enfermo requiere de disponibilidad de tiempo completo, así mismo es indiscutible que el paciente también se cansa, se irrita y -en su malestar tanto físico como emocional- usa palabras y gestos que no son los más adecuados, lo que origina rabias o rencores entre cuidador y paciente.
Es importante entender que tanto enfermo como cuidador están viviendo el estrés de la enfermedad de una manera diferente. El enfermo tiene unos pensamientos, unos deseos, unas necesidades, unos miedos y un nivel de esperanza distinta al del cuidador. Piensa en su enfermedad, en su dolor, en su incapacidad, en su tiempo presente, en el futuro y en lo que tiene pendiente.
El cuidador tiene también miedo al futuro, a las responsabilidades financieras, más si es el enfermo el proveedor económico. Siente ansiedad ante el cuidado y a que sea muy evidente su cansancio. Los cambios de la enfermedad le dan pánico, también la muerte.
El siguiente testimonio es de una persona adulta que expresa que su madre lleva en la cama 20 años, 10 de los cuales la ha cuidado de ella los siete días a la semana. Como ya sus hijos están criados, los hermanos le pidieron que renunciara a su trabajo, que ellos la apoyaban económicamente para tener la tranquilidad de que una persona conocida fuera la cuidadora.
El tiempo ha ido corriendo y manifiesta: “Yo he dejado de hacer mi vida. No puedo estar con mis hijos ni siquiera los fines de semana. Mis hermanos -cómodamente- olvidaron por completo su compromiso. A veces quisiera que todo esto terminara de una vez, pero cuando me hago esta reflexión. Me siento mezquina, culpable y mala hija”.
Casos como el anterior son frecuentes en algunas familias, que no solo se aprovechan de quien cuida sino que maltratan psicológica y emocionalmente a esta persona. Es fundamental aprender a decir NO, a poner límites y no solo a pedir ayuda, a exigirla con contundencia.
A veces he escuchado que los familiares se excusan de sus obligaciones, aduciendo que para eso le pagan al cuidador. No se detienen a pensar en las tensiones a las que él se expone a cada momento. Es más, vemos que en muchas ocasiones familiares muy cercanos solo van ocasionalmente de visita, sin mirar jamás ni al enfermo, ni al cuidador con compasión.
El doctor Frank Ostaseski en su libro Las cinco invitaciones cita al psicólogo Daniel Batson. Este último denominó “interés empático” a la emoción que lleva a una persona a ayudar a otra en momentos de sufrimiento y lo considera como un acto altruista.
Por lo tanto, en el acto de ayuda, el cuidador se debe tener en cuenta también así mismo, escuchar sus emociones y sentimientos, estar atento a los cambios de humor, a la necesidad de estar solo o de querer compañía. Hay que entender que carece de varitas mágicas, que no puede hacer milagros y que acompañar y cuidar a un enfermo, es un acto de bondad, de compasión, de amor universal y de altruismo el cual comienza consigo mismo.
* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
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