Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Hay relaciones de muchos tipos: familiares, de pareja, laborales, de vecinos, de estudio y, en cada una de ellas, las emociones se sienten y expresan de manera diferente. No obstante, es en la amistad donde el equipaje emocional y lo que se guarda en él, cobra mayor sentido.
Con los amigos se conversa, se disfruta, se crece, se crea, se acompaña, se discute, se llora. Se intima tanto con ellos, que los secretos dejan de serlo y las páginas del libro de la vida, se abren sin timidez, ni recato.
En la amistad, los lazos que se entretejen se tornan vigorosos y entrañables con el tiempo. Tener amigos es contar con apoyo y certidumbre, tanto cuando se viven buenos momentos, como cuando el dolor toca a la puerta. Esto quiere decir, que cuando existe una verdadera amistad, hay también corresponsabilidad y acciones coherentes relacionadas con la ética del cuidado, del respeto por la confianza, de la incondicionalidad, del estar atentos a cultivar la bondad y a andar por los caminos correctos.
Lo anterior quiere decir, que un buen amigo tiene la responsabilidad de manifestarse cuando hay equivocaciones o cuando surgen malentendidos; cuando hay desvíos en el camino, que puedan hacer daño no solo a la amistad sino también a la persona misma.
En algunas conversaciones sobre la amistad he escuchado frases como estas:
* ‘Yo no creo en los amigos. A uno se le acercan únicamente para que los invite, solo son interesados’ (joven de 20 años).
* ‘En mi casa me enseñaron que no se puede confiar en nadie, a mi papá siempre le han pagado mal’ (joven de 17 años).
* ‘Mi mamá nos dice en casa que los amigos son falsos y mentirosos’ (joven de 20 años).
Expresiones todas ellas, antedichas por adultos que han tenido relaciones frustrantes y dolorosas. Sin embargo no son palabras para repetir a los hijos, en tanto no se puede pasar la desesperanza de generación en generación. Los padres, deben prestar especial cuidado a sus afirmaciones, a fin de que esas sentencias no se tornen en pautas o mandatos de comportamiento negativos para los hijos.
Es necesario cultivar el valor de la amistad y saber que tener amigos ayuda al bienestar psicológico y físico. Que ellos, son un bálsamo en el transcurrir de la vida, que refuerzan al crecimiento emocional, intelectual y espiritual, que apoyan en la observancia y reflexión de ciertos comportamientos. Ellos motivan cuando aparece la apatía y son el hombro que nos sirve de soporte en aciagos momentos.
Por ello, es muy aleccionador escuchar otras conversaciones, en las cuales la amistad es vista como una fuente de mutuos aprendizajes, de alegría, orgullo y gratitud. Para llegar a esta instancia, es requisito indispensable ser una buena y decente persona, no esperar qué ofrecen los otros, sino que cada quien aporte desde sus recursos personales.
Ser amigo es saber escuchar, es sentir empatía por lo que le sucede al otro. Es ser en sí mismo luz en los momentos de oscuridad y tener claro que la ternura y el afecto, son ingredientes indispensables en el equipaje diario emocional e individual.
Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
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