Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal * fannybernalorozco@hotmail.com
Quedarse en el pasado y vivir de la añoranza, de lo que se vivió, se tuvo, se compartió y ya no es más, es no solo doloroso, es decidir estancarse, es paralizar el flujo del vivir y del sentir. En cambio es sano mirar atrás si lo hacemos como un ejercicio, que nos permita analizar, reflexionar, evaluar, apreciar, decantar diferentes momentos de la vida y hacer ajustes o giros en la manera de vivir.
Encontramos personas que al referirse al pasado, aducen que no ven muchos altibajos, ni cambios, que su transitar por la vida ha sido sereno y sin exaltaciones. Otras afirman que ha sido como estar montadas en una montaña rusa, llena de saltos y, algunas más, refieren que las palabras para definir sus vidas son gratitud y amor, mientras que hay quienes aseguran que solo han vivido en medio del miedo y la soledad.
Un día una señora de 47 años afirmó:
-“Cada día, la vida me pesa más, miro hacia atrás y no encuentro ningún momento amable en mi existencia”.
En cambio alguien que estaba a su lado manifestó:
-“Yo todo los días me levanto con deseos de vivir y mirar el pasado me provoca muchas ganas de superar los obstáculos que se me atraviesan”.
Diversas emociones, diferentes vivencias, distintas miradas.
El pasado hace parte del camino recorrido. No se puede borrar ni desaparecer como por arte de magia y, a pesar de lo difícil que pueda ser para algunos seres humanos, es un referente de lo vivido, de lo que se ha hecho y dejado de hacer, de los logros y los fracasos, de las alegrías y las frustraciones, del amor y el desamor, de los encuentros y los desencuentros. El pasado, a fin de cuentas, es la estructura en la que se edifica el presente y se ancla el futuro.
Así las cosas, el pasado tiene un gran poder para el presente y es por ello que se hace necesario aprender a mirarlo con aceptación, en tanto no se puede cambiar.
La amargura con la que algunas personas se expresan al volver su mirada hacia atrás, es una carga pesada. Y no sólo en lo que tiene que ver con los pensamientos sino también con las emociones. Así es muy difícil transitar el presente y -aún más- proyectarse con claridad hacia el futuro.
El pasado puede ser la gran excusa para vivir mal, amargados o bien, para vivir mejor y felices, a pesar de los escollos y las dificultades de la cotidianidad.
Vivir mal, es repetir errores, es no evaluar y mucho menos reflexionar. Es asumir con indiferencia e irresponsabilidad los asuntos personales. Es quedarse en la queja sin desarrollar los recursos y dones que se traen como dotación a este mundo.
Por otra parte, mirar hacia atrás puede ser una experiencia enriquecedora en la medida en que permite conservar recuerdos, decantar la memoria emocional, reencuadrar la propia historia, ejercer con voluntad las tareas personales y además celebrar el presente y celebrar la vida.
A propósito: -¿Usted al mirar hacia atrás cómo se siente?
* Psicóloga - Docente Universidad de Manizales.
El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones y Políticas de privacidad de LA PATRIA S.A.
Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin la autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2015