Fanny Bernal Orozco


Fanny Bernal Orozco* fannybernalorozco@hotmail.com
El abuso sexual a los menores de edad en Colombia no es un asunto nuevo. Es más frecuente de lo que se cree, solo que no siempre es noticia ni figura en las primeras páginas de los periódicos. La realidad es mucho más dolorosa cuando las evidencias aparecen y son ellos mismos quienes cuentan o denuncian. Desafortunadamente en muchas ocasiones, lo que se hace es negar los hechos.
Con la situación surgen frases como "investigar hasta las últimas consecuencias", además de la promesa de "no dejar este crimen en la impunidad". También se escucha "el que la hace la paga" o, peor aún, hasta se afirma que "se trata de un falso positivo". Dichas expresiones hacen parte de la retórica y de la manipulación emocional del momento, que ocultan y enmascaran la verdad de la violencia, el daño y el atropello que viven miles de menores de edad en este país, independiente de sus condiciones socio económicas y culturales.
Quienes piensan que con la aprobación de la cadena perpetua para abusadores van a disminuir los hechos de violencia y abuso sexual, poco conocen de estas situaciones y la aplicación de las leyes. Más por populismo, salen a hablar duro y vociferan ante estos actos, que no solo llenan de dolor a las víctimas, les arruinan su presente y su futuro.
En el diario El Tiempo, del día 2 de julio del 2020, se afirma que en la actualidad hay 118
uniformados investigados por abuso. La realidad es que al país, poco o nada, se le informa acerca de tales ‘exhaustivas investigaciones’.
Es curioso además, que mientras las victimas están pasando por un duro proceso de estrés, muchas veces postraumático, a los victimarios los tengan en sitios especiales para protegerlos. Son pues, muchos los hechos dolorosos ocasionados por personas que no sienten culpa, ni vergüenza ni mucho menos arrepentimiento.
Los menores en nuestro país no son considerados sujetos de derecho ni de protección, a pesar de que existe la Ley 1098 de 2006 en cuyo Artículo 1o. se lee: Este código tiene por finalidad garantizar a los niños, a las niñas y a los adolescentes su pleno y armonioso desarrollo para que crezcan en el seno de la familia y de la comunidad, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión. Prevalecerá el reconocimiento a la igualdad y la dignidad humana, sin discriminación alguna.
Todos sabemos que Colombia es un país de leyes, para todo hay mandatos, disposiciones y ordenanzas. Lo que escasea es quién haga cumplir estos preceptos y legislaciones. Es además probable que como ocurre con la mayoría de los hechos dolorosos de este país, que en pocos días esta situación a pocos les importe. Otra noticia, quizás peor, estará llenando los titulares de prensa y la actual solidaridad y rabia será solo pasajera. Mientras tanto, para las victimas, su calvario apenas está comenzando.
* Psicóloga - Profesora titular de la Universidad de Manizales.
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