Efrain Castaño


Un hecho significativo ocurrió en la década del 60 cuando se reunió el Concilio Vaticano II. Al publicar el documento “Lumen Gentium” (Luz de las gentes) donde se habla del llamado a ser pueblo de Dios y en santidad de vida, surgió la propuesta de publicar otro documento que iluminara gestos concretos de la existencia donde se ilumine como hacer presencia positiva de la fe.
Entonces se publicó el documento “Gozo y esperanza”, en él se dice que nada hay verdaderamente humano que no tenga resonancia en el corazón de la fe.
Analizando la actualidad del mundo en aquella época, pasa a citar con luminosas aplicaciones las actitudes cristianas frente a la dignidad de la persona humana, la comunidad universal, el matrimonio y la familia, la cultura, la vida económica, la vivencia política, la construcción de la paz, la edificación de un mundo mejor.
Por ello es cierto que la oración, las celebraciones del culto, las reuniones de movimientos y comunidades, son parte expresiva de la fe, pero también lo es la participación en la búsqueda humana del progreso de la humanidad, de las gestiones de paz por medio de una vida política y económica justa y constante.
No es de extrañar que la participación en la vida política de un país sea parte incluyente para un creyente. Hay que estar en el mundo, pero sin ser del mundo, decía Jesús, lo que ilumina nuestra participación en la marcha de la humanidad, pero sin ser del mundo de la corrupción, la barbarie, la violencia, el odio, la mentira, la pereza, la indiferencia.
Es sencillo: votar en el escenario de la política bien entendida es deber de un buen ciudadano que hace presencia constructiva de un país que llama a progresos, cambios necesarios, destierro a la corrupción, apoyo a caminos posibles de avance que permita llegar a la supresión de injusticias y reconocimiento de la dignidad humana hacia una vida digna que supere el escollo de la pobreza.
Botar basuras, reciclar con sentido social, cooperar en la limpieza general, apoyar la belleza y orden en mi pueblo o ciudad, vereda o barrio es también parte expresiva de una vida que apoya el progreso y bienestar general.
Queda claro: votar y botar, sí, porque es una manera concreta de expresarme bien.
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